Día Mundial MA

Ramón Tamames, economista y político español, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas / Foto: Gonzalo Pérez
Ramón Tamames, economista y político español, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas / Foto: Gonzalo Pérez

1972 es la fecha de la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el «Medio Ambiente Humano», con sede en Estocolmo, debido a las notorias inquietudes suecas por lo que significaba la llegada a Escandinavia de grandes oleadas de emisiones contaminantes desde Centroeuropa, y sobre todo de la industria química de las dos Alemanias de aquel tiempo, que ocasionaban la lluvia ácida, la muerte de los bosques (Wald Sterben).

El encuentro fue más que positivo, y a partir de ese momento, la ONU adquirió su verdadero sentido universal, entendiendo que salvaguardar el mundo en que vivimos no sólo era función de temas políticos y militares, sino también del desarrollo humano y su incidencia en el medio ambiente, con toda una serie de amenazas a la naturaleza. En ese cónclave se fijó el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente, que conmemoramos la pasada semana por 48 vez.

A partir de Estocolmo-72 (E-72), el propósito de preservación del entorno natural se ha ido desarrollando, en paralelo al crecimiento de la población y de los medios tecnológicos que tanto impactan en la salud ambiental. De modo que E-72 puede considerarse como una señal de alarma a la especie humana.

Ese primer aviso fue seguido, en 1980, de un primer diagnóstico de la situación –el informe «Global 2000» preparado por la Agencia de Medio Ambiente de EE UU, la EPA, del Presidente Jimmy Carter–, en el que pudo apreciarse que la salud del planeta estaba mucho peor de lo que se pensaba. Vendría después el tema de la metodología a seguir. Algo que se acordó, también desde la ONU, por el llamado Comité Brundtland (1987), que planteó la idea crucial del «desarrollo sostenible», de gran operatividad ulterior. Y finalmente, el cuarto paso fundamental para la vigilancia del planeta en que vivimos se dio en Río-1992, con la Convención Marco del Cambio Climático. Entre 1972 y 92, se trazó una senda más que indispensable.