Agua

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

En el anterior artículo en esta columna, «Planeta Tierra», nos referíamos a los bosques, y en relación con el tema de hoy, cabría decir que una floresta es el mejor embalse para retener el preciado líquido elemento que empieza a escasear casi por doquier. Como sucede en todo el norte de África y el Oriente Próximo, con el crecimiento demográfico y la mínima inversión pública destinada a aumentar captaciones y mantener flujos. Eso es lo que sucede en la Siria destruida, el Irán de los ayatolas, y la Argelia aún con la impronta quietista de Buteflika.

Pensando a más largo plazo, se vislumbran problemas de gran volumen, y nunca mejor dicho. Empezando en África, con el aprovisionamiento de agua de Egipto y Sudán, que se verá reducida por el nuevo embalse del Nilo Azul (70.000 Hm3 , algo más que el conjunto de todos los reservorios españoles). Otros problemas van a carecer también de la alegría de la «Música Acuática» de Haendel. Nos referimos a los ríos que nacen en los glaciares del Himalaya, pues los chinos están construyendo en el Tíbet grandes presas, que podrían bloquear mucho volumen de recursos hídricos para la India y todo lo que llamábamos Indochina. Con cursos fluviales como el Ganges, su gran afluente el Brahmaputra y el Mekong; y con protestas de los posibles afectados que no tienen ninguna respuesta por parte china.

La desalinización del agua de mar es una medida importante, y algunos incluso han llegado a pensar que en vez de una lucha por el agua de escorrentía, sería mejor forzar la máquina, con energías renovables para esa transformación de agua marina en dulce. Sobre todo, en zonas donde el regadío para hortofrutícolas, se ha expandido más allá de los recursos de riego, coincidiendo con el rechazo de trasvases. Como sucede en esta España nuestra, que es la mayor exportadora de agua de toda Europa.

¿Lo sabían Vds.? Seguiremos.