Ucrania y la fragilidad de los sistemas alimentarios

Vista de un campo de cultivo en una carretera en las inemdiaciones de Dnipro 27 de abril del 2022. Siete de cada diez hectáreas de Ucrania son parcelas agrarias, plantadas sobre todo con maíz, cereales y girasoles que sirven de alimento al mundo. Con el país en guerra y dificultades de exportación, la crisis ucraniana amenaza con llevar el hambre afuera de sus fronteras, según explica a EFE Pierre Vauthier, responsable de la FAO en Ucrania. EFE/ MIGUEL GUTIÈRREZ
Vista de un campo de cultivo en una carretera en las inemdiaciones de Dnipro 27 de abril del 2022. Siete de cada diez hectáreas de Ucrania son parcelas agrarias, plantadas sobre todo con maíz, cereales y girasoles que sirven de alimento al mundo. Con el país en guerra y dificultades de exportación, la crisis ucraniana amenaza con llevar el hambre afuera de sus fronteras, según explica a EFE Pierre Vauthier, responsable de la FAO en Ucrania. EFE/ MIGUEL GUTIÈRREZ FOTO: MIGUEL GUTIERREZ EFE

La guerra ha puesto en evidencia la fragilidad de los sistemas alimentarios y la explotación de los recursos. El colapso de dos de los principales graneros del mundo, como son Ucrania y Rusia, ha derivado en una falta de materias primas, un aumento de los precios y una amenaza de hambruna en ciertas zonas del planeta. Esto ha provocado también un serio impacto en el sector agrícola y ganadero español, donde hay que sumar la sequía que hasta hace pocas semanas azotaba los campos y el paro de los transportistas. La« tormenta perfecta ».

La ONU ha advertido de que el impacto de la guerra en Ucrania en las cadenas de suministros agrava la situación de hambruna extrema que sufren 193 millones de personas en el mundo, debido a la gran dependencia de las importaciones y a su vulnerabilidad a las crisis mundiales de los precios de alimentos. La guerra, apuntan, nos recuerda la interconexión de los sistemas alimentarios mundiales y su fragilidad ante las alteraciones.

En esta situación salen también de nuevo a colación las explotaciones industriales de ganado, muy dependientes de suministros tanto de grano como de energía provenientes de Ucrania y Rusia. Cerca de un tercio del maíz empleado para la alimentación animal procede de Ucrania, mientras que Rusia acapara buena parte del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados (15%) y potásicos (17%). Algunas soluciones apuntan a una producción más sostenible y local. Menos dependiente del exterior. También, señalan otras voces, a priorizar los cultivos para personas frente a la alimentación animal o los biocombustibles, otro de los sectores afectados. A lo mejor no hay grano para tanto. No parece esta, desde luego, una tarea fácil, pero quizás requiera al menos una reflexión sobre el futuro que queremos.