Málaga, verano de 1936: la historia de “Perro”

El golpe militar en Málaga fue un rotundo fracaso. Las calles quedaron en manos de los anarquistas, de las turbas, donde toda apariencia de orden desapareció, lanzándose los frentepopulistas a degüello contra sus enemigos de clase. Daba comienzo una terrible represión que pronto se convirtió en carnicería y que no sólo aniquiló a los militares y falangistas sublevados, se extendió a todos los malagueños que no se habían significado claramente a favor del Frente Popular o que, sencillamente, eran católicos o de los llamados “gente de orden”.

En los primeros días que siguieron al fracaso del golpe 113 oficiales de la Armada de las tripulaciones de los buques de guerra Sánchez Barcáiztegui y Churruca anclados en el puerto fueron asesinados sin juicio. Cada mañana las calles y las tapias del cementerio aparecían con negras manchas de sangre. Los cadáveres aparecían tirados sobre las aceras si habían sido cazados por bandas armas durante la noche o en el depósito de cadáveres municipal si las víctimas habían sido detenidas y luego sometidas a los tribunales del pueblo, la terrible justicia popular.

Los hermanos Aizpuru eran cuatro, todos militares, hijos de un general retirado y miembros de una familia con arraigada tradición militar. Al comenzar la Guerra Civil, Paco y Luis estaba destinados en Málaga. Su hermano Gabriel estaba destinado en Bilbao en los Guardia de Asalto y era partidario del Frente Popular. Juan estaba destinado en Mahón, donde fue asesinado.

En julio de 1936 en Málaga estaba Luis con su mujer Lola y su hija Luisa que acababa de dar a luz a Lolín. Paco vivía con su mujer Gloria y sus hijos pequeños, Neni, Chiqui y Juanito.

Años después Lola, una señora de armas tomar, recordaba aquellos duros meses en Málaga, comentando cómo aquel tiempo trágico tuvo algo positivo: la falta de alimentos le obligó a comer muchas algarrobas por falta de cosa mejor, lo que le sirvió para curarle una afección de colón y de estomago que padecía.

En las largas horas escondidos para escapar de la muerte Luis se dedicó a dibujar. Siempre quiso ser pintor pero su padre no se lo permitió, encaminándole a la Academia Militar de Toledo. De aquellos días Luis ha dejado una buena colección de dibujos como testimonio de unos tiempos muy difíciles.

Por las noches los escondía su chofer Juan Domínguez, ya que, con la llegada de la noche, las brigadillas de chequistas, las patrullas del amanecer, salían a hacer de las suyas y eran las horas donde era más fácil de ser paseados. Durante los siete meses que Málaga estuvo sumida en la anarquía y el terror propiciado por el Frente Popular los hermanos Aizpuru pudieron sobrevivir gracias a la suerte, a la moderada colaboración de Paco con el Ejército Popular y a la inestimable ayuda de Juan Domínguez, de su mujer Juana y a la inesperada protección del anarquista y líder de una de la facciones más violentas de la FAI, el limpiabotas conocido por “Perro”.

Juan Domínguez era el chofer y mozo de la casa de los Aizpuru, su mujer Isabel la cocinera y la hermana de ésta, Ana, la doncella, existiendo otra mujer más de servicio, afín al Frente Popular, que, durante los meses en que duró el dominio rojo sobre de la ciudad amenazaba siempre a la familia con denunciarles. Los Aizpuru salvaron la vida por puro milagro, por los Domínguez y gracias a “Perro”.

El Perro era un limpiabotas muy conocido en las calles de Málaga por su insistencia en lograr un cepillado, persiguiendo a los posibles clientes durante un largo trecho hasta que alguno cedía. Luis tenía cierta amistad con Perro, la amistad que podía tener un militar <que soñaba con ser pintor> con un limpiabotas. Pero, al fin y al cabo, una cierta forma de amistad:

- Don Luis vengo a despedirme

- Te vas de Málaga Perro

- No, es que tengo, creo que se dice, glaucoma, una infección, y me van a vaciar los ojos y ya no podré seguir con los cepillos y el betún.

- ¡Que dices! ¿Estás seguro? ¿Pero no tiene solución?

- Si, pero la cura vale 15 pesetas y no tengo el dinero

- Mira, acabo de cobrar, toma las 15 pesetas

Al llegar a casa Lola abroncó a su marido que la miró con una sonrisa socarrona, pensado que aquel dinero, bastante dinero, estaba bien empleado. Perro desapareció de las calles con su caja de madera y sus cepillos, estalló la guerra y se convirtió en uno de los jefes de la FAI, siendo responsable de una interminable lista de asesinatos…

Cuando entraron los nacionales Luis se enteró que varias veces se había librado de que le diesen el paseo porque Perro había advertido a sus correligionarios que <el que tocase a don Luis y a su familia se lo llevaba pa lante>. Fue cogido vivo. Luis fue a verle a prisión:

- Perro, vengo a darte las gracias por haberme salvado la vida. Se lo que has hecho por mí y por mi familia

- No fue nada, ya sabe usted… no pude darle las gracias, salve los ojos gracias a usted.

- He preguntado al juez togado que ha llevado tu consejo de guerra, te van a fusilar, tienes muchos muertos, no he podido hacer nada

- No se preocupe don Luis, lo hecho hecho está y no me arrepiento de na… llevaba muchos años queriendo cobrarme las humillaciones de tanto señorito de mierda… perdone, usted era distinto –le miró con sus ojos legañosos y serenos, de asesino sin alma- usted y yo somos, bueno, éramos amigos.

- Perro… no sabes cómo siento todo esto, pero…

Debía la vida a aquel hombre y ni siquiera sabía cómo se llamaba.