El museo Granollers, durante la guerra, salvó muchas obras de arte que, por uno u otro motivo, se habrían perdido
El museo Granollers, durante la guerra, salvó muchas obras de arte que, por uno u otro motivo, se habrían perdido FOTO: Autor desconegut

Museo de Granollers, a la salvaguarda del patrimonio artístico

Durante la Guerra Civil, este espacio tuvo un papel muy destacado: salvó gran parte del patrimonio artístico saqueado en los pueblos del Valles Oriental (Barcelona)

El Museo-Archivo de Granollers tuvo, durante la Guerra Civil, un papel muy destacado. Gracias a personas como Miquel Montagud Borja, se pudo salvar gran parte del patrimonio artístico saqueado en los diferentes pueblos del Valles Oriental (Barcelona). El 20 de mayo de 1932 puede establecerse como la fecha en la que se organizó oficialmente el Museo de Granollers. Eso sí, bajo el nombre de Museo de Granollers y del Vales Oriental, ya que se quería que fuera el gran museo de toda la Comarca.

En el despacho de la alcaldía se constituyó la comisión organizadora. Estuvieron presentes en aquella reunión los señores Albarranch, R. Glanadell, Colomer, Bosch, Palau, Margarit, Llobet, Iglesias, Ruera, Moré, Raspall, Parellada, Muntada, Torents, Sala Badal, F. Glanadell, Planas-Doria y Balvey. La primera comisión quedó integrada por Andrés Busquets, como presidente, además de seis de los fundadores y los señores Bofill y Taberner, actuando como secretaria Maria Meján. Se proyectó destinar parte del edificio destinado a cárcel preventiva como local del museo e inventariar las obras artísticas y arqueológicas existentes en el domicilio particular de uno de los fundadores.

En junio de 1932 se llevó a término el inventario acordado de las obras que constituyeron el fondo inicial del museo. Este dio como resultado 27 obras artísticas de autores comarcales y foráneos; 29 piezas de numismática; 3 de indumentaria; algunos fósiles; varias muestras de minerales.

Granollers en día de marcado, antes de la guerra
Granollers en día de marcado, antes de la guerra FOTO: archivo

La comisión funcionó desde mayo de 1932 a octubre de 1934. Uno de sus intentos fue instalar el museo en un local sin poderlo conseguir. Se pasaron meses esperando las obras de habilitación de la antigua cárcel. Otros meses más en titubeos y dudas causadas por el proyecto de adaptar la capilla de San Francisco, propiedad del Ayuntamiento, como museo. Ante la impotencia de poder llevar a cabo su misión decidieron dimitir.

Por decreto de la alcaldía de 26 de octubre de 1934, firmado por el alcalde Arturo Gasset Durán, se disolvió la anterior comisión y se creó el Patronato del Museo-Archivo de Granollers y del Valles Oriental, bajo la presidencia del alcalde y del consejero del Departamento de Cultura de la Generalitat en representación del ayuntamiento, e integrado por los señores José Mora, Ernesto Gurri, Amador Garrell, Miguel Joseph, Alfredo Canal, Alfredo Sellés, José Ruera, Miguel Montagud, Tomás Balvey, Francisco Bofill, Vicente Albarranch y Vicente Ramoneda.

El Patronato se creaba para que no se perdiera ni se entorpeciera la gestión emprendida por granollerenses amantes de la alta cultura ciudadana al iniciar el Museo-Archivo, que podía ser fuente inagotable de beneficios para la cultura artística y espiritual de la Comarca. El Patronato actuó hasta el mes de julio de 1936. De 1934 a 1936 su actuación más destacada fue la organización de una exposición que tuvo lugar en las salas del Grupo Escolar Pereantón durante las navidades de 1935, en la que por primera vez se mostraron al público las obras que constituían el fondo del Museo. Con muy buen acierto por parte de los organizadores, estas se exhibieron al lado de otras muchas obras de arte, arqueológicas e históricas de propiedad particular, cuyos dueños las cedieron para exponerlas. La exposición fue un éxito artístico y de público.

El Patronato incorporó la Junta de Estudios Históricos que desapareció y que entregó al museo los volúmenes de su valiosa producción. Y ya abandonada la idea de instalar el museo en la capilla de San Francisco, se efectuaron obras de habilitación del edificio de la antigua cárcel, aunque muy rudimentarias. Durante esta segunda etapa del proyecto se mantuvo la idea de su constitución, pero por carencia de elementos no puede lograr su instalación, a pesar del loable propósito. Lo más importante de este periodo es la exposición que hemos comentado anteriormente.

Destrucción de obras religiosas en Cataluña durante una guerra
Destrucción de obras religiosas en Cataluña durante una guerra FOTO: archivo

El 30 de noviembre de 1937 por orden del consejero de cultura se nombró una comisión integrada por un representante de cada uno de los cinco partidos políticos representados en el ayuntamiento y por un técnico. La sede del Museo-Archivo se estableció en la calle Antonio Molina.

El inventario se incrementó gracias a la guerra o como consecuencia de ella. Las requisas practicadas en todas las casas señoriales de la Comarca y de las limítrofes; los saqueos de las iglesias, capillas y ermitas; el despojo de toda clase de mobiliarios sin más norma ni freno que el capricho o la pasión política; consolidaron un enorme depósito de obras de arte y de objetos que quedaron almacenados en la Casa Molina bajo el nombre de Museo.

Mantuvieron como técnico del museo a Miguel Montagut, siendo nombrado Delegado en Granollers del Servicio de Recuperación Artística Nacional, realizando todos los trabajos de catalogación y conservación. Miguel Montagut fue el encargado de la devolución de obras a sus auténticos dueños una vez finalizada la guerra. Centenares de personas, gracias a la existencia de aquel incipiente Museo de Granollers, pudieron recuperar objetos queridos que, a su enorme valor intrínseco, unían en muchas ocasiones una valoración afectiva y familiar de imposible tasación.

En total, durante la Guerra Civil, se conservaron en el Museo de Granollers, gracias a los saqueos, un total de 7.555 objetos. Eran cuadros, tapices, estatuas, jarrones, muebles, sillas, camas, ornamentos religiosos, armas, objetos de labranza, sepulturas, monedas, vestidos, azulejos, imágenes, abanicos… Recordemos que el primer inventario, hecho en 1932, cifraba las piezas del museo en unas 70. Visto lo cual no es de extrañar que, una vez finalizada la guerra, ya se pudiera considerar el Museo-Archivo como tal. Por eso multiplicó por mil su fondo de obras y objetos. La guerra, en este sentido, fue beneficiosa.

Una vez finalizado el incesante movimiento producido por el proceso de recuperación de objetos y retiradas ya todas las obras reclamadas, quedó el Museo en reposo y aletargado, guardando en sus salas todos los objetos que ya podían considerarse de su pertenencia, en espera de la mano activa e inteligente que los ordenara y los situara para su contemplación.

Retablo de la Doma de la Garriga
Retablo de la Doma de la Garriga FOTO: archivo

El 30 de junio de 1946, bajo la presidencia del consejero de cultura Ramón Valls se constituyó la Junta Provisional del Patronato del Museo de Granollers. Con la valiosa cooperación del conservador del Museo de Arte Moderno de Barcelona Juan Ainaud de Lasarte, se procedió a la ordenación y clasificación de las obras existentes. Y el 30 de agosto de 1946 se inauguró el Museo con asistencia de las autoridades presididas por el alcalde Francesc Sagalés i Corderas. La inauguración coincidió con la Fiesta Mayor. Más de seis mil personas lo visitaron durante aquellos días.

No todas las piezas entregadas al Museo de Granollers eran parte de saqueos. Hubo ejemplos destacados de personas o ayuntamientos que, ante el temor que los patrulleros las pudieran destruir, prefirieron cederlas y, una vez terminada la guerra, recuperarlas. La Virgen y el Niño, de la Capilla Barnils de Sant Quirze Safaja o los retablos de la Doma de La Garriga son uno de los muchos ejemplos que podríamos poner. Las instituciones se ponían en contacto con el museo. Acto seguido un grupo de trabajadores iban a buscarlas, se inventariaban y quedaban depositadas. Esta acción permitió que no se perdiera todo el patrimonio artístico del Valles Oriental.

Gracias a la acción de unos poco se pudo salvar un gran patrimonio cultural. El trabajo llevado a cabo por el Museo de Granollers es uno de los aspectos a tener en cuenta cuando se habla de la memoria histórica. Es cierto que hubo grandes desastres y personas indeseables pero, como alguien apuntó, en una guerra siempre existen buenas personas y acciones loables. Esta es una de ellas.