«Moscati, el médico de los pobres»: Este doctor es un santo

Dirección: Eduard Cortés. Intérpretes: Guillermo Francella, Amaia Salamanca, Óscar Jaenada. España-Argentina, 12 Duración: 112 min. Policiaco.

Le están cogiendo los italianos el gustillo a estrenar en cines sus series más afamadas. Tal es el caso hoy de «Moscati, el médico de los pobres», una producción de la RAI basada en la vida de este devoto hombre que con su manera de concebir la medicina revolucionó Nápoles a principios del siglo XX. Una ciudad maltratada por la pobreza y rebosante de enfermos malnutridos y desesperados. El voluntarioso Moscati, que fue santificado tras su fallecimiento, decidió trabajar en el llamado «Hospital de la muerte», adonde daban con sus erosionados huesos cuantos carecían de recursos económicos. Pero la película, de ritmo ágil (claro, se trata de un producto concebido para la pequeña pantalla) y marcadamente hagiográfica, también refleja las dudas del protagonista cuando conoce a Elena, una hermosa aristócrata, y siente la tentación, pero sólo un breve instante, de abandonar tan altruista labor en favor de una vida regalada. Dos horas largas revisan las bondades de Moscati y la historia, en paralelo, del mejor amigo de éste con una bailarina de dudosa moral, primero, y luego, junto a la propia Elena. Hay mucho golpe de efecto melodramático, más extras todavía y, de fondo siempre, la descomunal obra de un hombre a quien no le amilanó ni siquiera sentir en carne propia la miseria y para quien la mejor cura no era sólo una triste receta. Más cariño y menos aspirinas.