Nosotras, por ser mujeres, hemos vivido y seguimos viviendo muchos tipos de violencias. Unas son incuestionables, como los asesinatos por parejas o ex parejas. Pero hay tantísimas agresiones más, físicas, psicológicas o sexuales; incluyendo el acoso, la violación, los matrimonios forzados, la trata o la mutilación genital. Hay otras más sutiles que nos afectan a todas y de las que, sin embargo, no todas son conscientes. Por eso las mujeres que por nuestra profesión tenemos la palabra, no podemos callar. Y agradezco a este periódico que nos dé tanta cancha. Porque, sin duda, estos hechos de intimidación machista tan arraigados, son el reflejo más nítido del auténtico nivel en que se encuentra el género humano y sus sociedades. Y no habrá ni conato de paz mientras alguno siga creyendo que todo se arregla levantando la voz o la mano; invadiendo territorios o sintiendo que habéis venido al mundo para dominar la tierra, el cielo y la mujer. Demasiado duro os lo han puesto. Os han enseñado desde el principio de los tiempos, incluso las madres, víctimas de la misma cultura lo han impulsado, que el más fuerte es el que gana. Entonces vosotros habéis diseñado el mundo a esa imagen y semejanza. Y consideráis propio aquello que habéis podido tocar. Todo está construido desde vuestra visión, compañeros: la arquitectura, la medicina, el arte; la presión que hay que hacer para abrir un bote o la altura de la repisa. Pero, vale más maña que fuerza. Y nosotras estamos en eso, en la maña. Y os exigimos que seáis justos y valientes, queridos. Que luchéis con nosotras por hacer un mundo digno, sin tener que enfrentarnos. Estoy segura de que si conseguimos esa igualdad de oportunidades, juntos, será un bálsamo para todos. Con amor.