Estética del héroe

Alfonso Ussía

En el suelo. Sobre la piedra que cubre la tierra de los Inválidos, el féretro del héroe cubierto con la bandera francesa. El Presidente de la República, Emmanuel Macron, firme ante el ataúd de Arnaud Beltrame, el gendarme que entregó su vida a cambio de la vida de sus compatriotas en el último atentado de los canallas terroristas islámicos que quieren llevarnos a lo peor de su sigo X. Depositadas las medallas en el almohadón de los honores, el Presidente se inclinó, apoyó sus manos en la bandera , y habló con su gendarme, héroe de Francia. «Tu recuerdo vivirá. Tu ejemplo perdurará. Velaré por ello, te lo prometo. Mientras el nombre de tu asesino ya se ha hundido en el olvido, el nombre de Arnaud Beltrame, el tuyo, forma parte del heroísmo francés».

Un silencio estremecedor. Allí estaban formados bajo la lluvia sus compañeros. Y cubiertos con paraguas, las autoridades y representantes de todos los poderes de la República Francesa. Presentes los enviados de los partidos políticos. Francia es patriota antes que partidista. Francia no tiene partidos políticos traidores. Francia no tiene complejos. Hace muchos años, en los tiempos insoportables y duros del terrorismo vasco, cenaba en casa de mis padres con Don Juan de Borbón Michel Poniatowsky, ex ministro del Interior del Gobierno francés. Valery Giscard D´Estraign, el antipático y suntuoso Presidente de la República había convertido el Departamento de los Bajos Pirineos en tierra de abrazo, amparo y acogida de los criminales etarras. Una minúscula ETA nació en Francia, Iparretarrak. Y Don Juan le afeó a Poniatowsky, que ya no era responsable, su hospitalidad a los terroristas y su inacción ante las salvajadas que cometían en España para después cobijarse en suelo francés. –Algún día, Michel, Iparretarrak crecerá y os daréis cuenta de vuestra miserable equivocación–. Pero Poniatowsky no se guardó la sinceridad. –Imposible, Señor. Jamás tendrá fuerza e importancia Iparretarrak. Si alguno de sus militantes saca los pies del tiesto, es más que probable que se ahogue en cualquiera de las playas de Biarritz–.

Francia es ahora una leal y profunda amiga de España. Siempre he admirado su sentido de la Patria. Todo es susceptible de discutir, menos Francia y lo que su Historia significa. En Francia, a los nacionalistas radicales se les advierte. Los corsos lo saben. Y no traspasan ni un centímetro hacia la ilegalidad. Francia no perdona a quienes asesinan a sus héroes. En España, el independentismo catalán intenta infectar el ambiente con la colaboración de notables asesinos de la ETA, y honra y sufraga a criminales de Terra Lliure, hoy de presencia frecuente en TV3 y los medios más afines al separatismo. Asesinos perversos de Bultó y el matrimonio Viola. Los mismos que ataron y dispararon a Federico Jiménez Losantos y lo abandonaron herido en las inmediaciones de Montserrat, el monasterio de los curas trabucaires. Aquí, en España, no veremos jamás a un comunista de Izquierda Unida o Podemos honrar los restos mortales de un servidor del Orden, de un héroe español. Y menos aún a un separatista, es decir, un traidor. Sobre la piedra que cubre la tierra de los Inválidos, toda Francia se reunió en silencio para despedir a su héroe.

En España hemos enterrado a escondidas a centenares de héroes que han entregado su vida por nuestra seguridad, nuestra libertad, nuestra democracia y nuestra bandera. A escondidas se han abrazado a la tierra militares, guardias civiles, policías nacionales, magistrados, empresarios, buenas gentes de la calle, mujeres y niños. En Francia se honra a sus valientes y en España quieren borrar la mitad de la Historia. En Francia se vive con emoción el futuro, y en España, por culpa de unos desgarramantas, unos pijos, unos vagos, y unos socialistas cómplices, nos encaminamos hacia los años treinta del pasado siglo. En España ya hemos olvidado a los muertos del atentado de las Ramblas barcelonesas. Y obviado los inmensos errores de los responsables de evitarlo. Los Mozos de Escuadra que estaban en otra cosa y el patético Ayuntamiento de Barcelona que convirtió el atentado en una fiestecilla a favor de la inmigración. Y los insultos al Rey, que acudió a Barcelona sabiendo lo que le esperaba.

Pero ante todo, Francia domina ese silencio clamoroso que emociona al mundo cuando se trata de honrar a uno de sus héroes. Esa honestidad en el protocolo. Esa soledad en la imagen. Esa sinceridad solemne de la auténtica pena. La estética del héroe. Francia se acuerda de todos los suyos, y en España impera el odio y la ingratitud. España, esa gran nación, según Bismark, la más fuerte del mundo, que lleva resistiendo quinientos años sin permitir que la rompan los españoles. Tenemos muchos Beltrame entre nosotros. Pero entre los separatismos y los comunismos de diversa índole y semejante mugre, atravesamos nuestro peor momento.

Y tan cercanos a Francia y a su estética del héroe.