El Máster

Alfonso Ussía

El pasado domingo, como todas las primaveras por estas fechas, compartí con mi amigo portugués Joao Do Carmo-Almeida Bragança nuestra tradicional cena anual. Un año en Madrid, y al siguiente en Lisboa, si bien un encuentro se celebró en Estoril y otro en Comillas. Celebramos que somos los únicos ciudadanos de España y Portugal que jamás nos hemos matriculado para hacer un «Máster». Nos conocimos, precisamente, en la cola de matriculación para realizar un «Máster». Joao pretendía ser admitido en el «Máster de Amplio Conocimiento de las Virtudes Ecológicas de la Bellota del Alentejo», y yo aspiraba a formar parte del alumnado de un «Máster» paralelo: «El Máster de Amplio Conocimiento de las Virtudes Sostenibles de la Bellota de Encina Charra». Los dos «masters» se cursaban en el «Instituto Ibérico del Máster Global» con sede en Madrid, dependiente de las Universidades Complutense y de Coimbra. La matrícula ascendía a 2.040 euros con derecho presencial y a 978 si se realizaba a través de Internet. Y nos fuimos de copas. Aquella noche nos matriculamos, cursamos y aprobamos con sobresaliente el «Máster de Copas ingeridas con Exceso» y fuimos arrestados por dos policías municipales que acababan de superar con nota sobresaliente el «Máster de Detención Sin Escándalo Público de Individuos con Evidentes Muestras de Embriaguez», que nada tiene que ver con el «Máster de Comprensión Inmediata de Sospechosos de Violencia Racista», que se cursa en Cataluña.

Y durante la cena hablamos del caso de Cristina Cifuentes. Responda a la certidumbre o a la trampa su expediente , ¿para qué porras le sirve a Cristina Cifuentes ese Máster? ¿Qué tienen los másters que todo quisqui se matricula en uno de ellos? Hasta Errejón lo cursó en Málaga con brillantes notas sin haber acudido ni un solo día, y para colmo, disfrutando de una beca. Así que un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, recién doctorado, acude a una empresa constructora solicitando un puesto de trabajo, y el jefe de personal le pregunta. –¿Además de este título, tiene usted algún Máster? Porque si no tiene un Máster, ese doctorado es papel mojado–. Y se queda con el puesto disponible un licenciado que ha cursado el «Máster de “Coaching” y de empatía profesional». Se construye el puente, y se derrumba. Mala suerte. Hay doctores de Medicina que adornan sus despachos y consultas con toda suerte de diplomas de Másters, y olvidan colgar el que garantiza que son doctores en Medicina. El «Máster» es el Rinconete, cuando no el Cortadillo, del expediente académico. Por otra parte, es una cursilería de mayor gravedad e irresponsabilidad pública que la posesión de una porcelana con niña cabalgando sobre un cisne en trance natatorio. O que el sobre que guarda el mechón de cabello de la novia primera. O la fotografía que inmortaliza a los recién casados, sable en mano, cortando la primera porción de la tarta nupcial, que posteriormente llevan a la mesa de la abuela, que no puede reprimir el llanto. O la despedida telefónica con un «bye bye» cuando es emitido por un natural de Fuenlabrada, Manresa, o San Pedro del Pinatar. O como el cazador novato que cubre su chochola con un sombrero en cuya cinta luce una pluma de arrendajo colindante con otra de faisán. Matricularse en un «Máster» es mucho más grave que tergiversar notas y expedientes. Como acostumbra decir mi amigo Joao Do Carmo-Almeida Bragança, hay más másters que gilipollas con lacitos.

Y de eso trató nuestro encuentro. Nos formulamos la pregunta y no supimos responderla. Sea limpio o turbio, verídico o falso, válido o inválido el expediente de Cristina Cifuentes... ¿para qué le sirve un Master a Cristina Cifuentes? Abonamos la factura y nos despedimos hasta el año que viene.