A cuenta del numerito de las Reinas ha aparecido una derivada cutre. Cierto es que lo de las dos Reinas no es especialmente edificante, es más: da como cosita, como que eso lo puedes esperar de tu familia, pero de LA FAMILIA real no te lo esperas ni borracha. Menudo navajeo. El caso es que vimos una escena lamentable, de esas que avergüenzan a Ricardo Corazón de León, y creíamos que estas mierdas tan bajunas no podían traspasar nuestra mierda diaria y llegar tan alto, y creíamos que seres humanos que están preparados para no cagarla resulta que la cagan de una forma tan burda que se te queda la cara como al emoticón de los ojicos. Y cuando pensábamos que nada podía ir peor, llega un viaje en Ave, con cuatro personas de izquierdas y un chaval de diecinueve años llamado Froilán que, según parece, hubiera preferido nacer en cualquier otra familia que no fuera la suya. Y las cuatro personas de izquierdas resulta que van a voces charlando justamente de eso, de la escena, qué casualidad, detrás del muchachito. Y lo hacen sin percatarse, sin haberse dado cuenta. Y, esto es lo mejor, lo que les molesta es que el muchachito, el pijo, va murmurando cositas. Y entonces le preguntan. Y cuando el muchachito se revuelve casi encuentran las razones para revertir nuestro sistema político. Ay, madre mía, qué difícil nos ponen a veces ser de izquierdas y republicanos.