Retorno a Chiberta

Mikel Buesa

No nos obnubilemos por el reconocimiento del daño causado formulado por ETA en su más reciente comunicado, distinguiendo, en cuanto a sus víctimas, entre combatientes y daños colaterales –y, por tanto, todas ellas legítimas según los usos del derecho internacional humanitario– aunque sólo se haya pedido perdón por estas últimas
–las «que no tenían una participación directa en el conflicto», según sus propios términos–. Que no nos deslumbre ese aparente arrepentimiento, porque no hay tal: ETA vuelve a ser y expresarse como siempre; ETA retorna una vez más a sus orígenes; ETA se manifiesta de la misma manera que lo hizo en el Club de Chiberta, en Anglet (Francia), cuando hace 41 años, en el cónclave nacionalista allí convocado, rechazó participar en el proceso electoral que, en junio de 1977, abriría las puertas de la democracia, a la vez que trataba de imponer una visión agónica y maniquea de la situación del País Vasco que conducía inexorablemente a la exterminación del enemigo español en su suelo.

«Para mí la guerra no ha terminado», había declarado poco antes de aquel encuentro Telesforo Monzón, mentor de los nuevos gudaris encuadrados en ETA. Y ésta nos lo recuerda ahora cuando alude a las «generaciones posteriores al bombardeo de Gernika» y menciona el «conflicto político e histórico» que «imperaba antes de que naciera ETA y ha continuado después de que ETA haya abandonado la lucha armada». Nada ha cambiado, al parecer, en ese secarral que constituye el planteamiento político e ideológico de la organización terrorista. De acuerdo con él, todo lo que tuvo y aún tiene que decir se plasmó en aquella «alternativa KAS» que sobrevoló en Chiberta y que, reformulada en 1995 como «alternativa democrática», se mantiene en los llamamientos etarras. Tal alternativa no era otra cosa que el «Reconocimiento de la Soberanía Nacional de Euskadi»
–así, con mayúsculas–, la autodeterminación, la independencia a la que en el comunicado de ahora se hace referencia como «solución democrática al conflicto político». Más aún, lo que ETA dice es que esa es la única manera de «conocer la verdad..., cerrar heridas y construir garantías» para que no se reabra la guerra que ella pretendió, hizo y perdió.

La verdad. Nadie espere de ETA información sobre tantos episodios oscuros de su trayectoria: la desaparición de aquellos gallegos que fueron a ver «El último tango en París», la de Pertur, los trescientos asesinatos aún no resueltos, las ejecuciones de militantes.... ETA dice que «ya ha aclarado qué es lo que ha hecho» y se quita de encima la responsabilidad de las «acciones violentas ... que nadie ha asumido». Más de lo mismo; desde Chiberta.