Pedro, el seductor

Abel Hernández

Frente a la sedición, seducción. Ese es el plan para Cataluña de Pedro Sánchez, que sigue, seguramente sin saberlo, la observación de Ortega de que «en España para persuadir es menester antes seducir». Dentro de poco se verá con Joaquim Torra y lo comprobaremos. Su intrépida e inesperada llegada a La Moncloa, la composición de su Gobierno y sus primeros gestos llamativos –lo del «Aquarius», lo de la tumba de Franco, etcétera– han servido para seducir a la progresía, incluso a los del colmillo retorcido de su propio partido, y para mejorar, de la noche a la mañana, el clima político nacional. Iceta vuelve a sentir ganas de bailar, lo que es el más claro indicio de que la vieja política seductora del PSC vuelve a Cataluña. Lo que pasa es que los soberanistas catalanes no han dado muestras de dejarse seducir. Ni siquiera de reconocer al seductor, con el que en ningún caso se sentirán identificados. Puede que lleguen a frenar, por razones tácticas, su ímpetu rupturista. Será para recobrar el aliento, consolidar y mejorar posiciones y volver al asalto. En este momento, el «diálogo entre España y Cataluña» les beneficia. Entretanto, la brecha entre las «dos Cataluñas» continúa y va para largo.

¿Qué concesiones llevará el seductor Pedro Sánchez en la cartera? Se supone que ya se las habrá adelantado, en su encuentro del otro día, a Pablo Iglesias, con el que en esto irá de la mano, ignorando ahora al afligido PP y despreciando al desconcertado Rivera. Fuentes fiables me dicen que son las siguientes: 1) Recuperar el Estatuto podado por el Tribunal Constitucional, reconociendo, de una forma u otra, que Cataluña es una nación. 2) Acercamiento de los presos a cárceles catalanas, sin descartar que la nueva fiscal general del Estado rebaje la acusación penal contra ellos y retire el delito de rebelión. 3) Una serie de ventajas económicas: rebajar al mínimo los controles, fuertes inversiones en infraestructuras, supresión de peajes, mayor autonomía fiscal y posible rebaja de la deuda. El argumento del dinero es el que mejor entienden desde siempre en la Generalitat. Con el grifo abierto, sus planes de expansión dentro y fuera están garantizados. Pedro Sánchez, heredero legítimo de Maragall, Montilla y Zapatero, recibirá, por su seductora política de gestos, parabienes de los que le han llevado a la Moncloa y de sus sucursales mediáticas. Pero, a pesar de tanto alborozo, «se paga caro llegar al poder: el poder vuelve estúpidas a las personas» (Nietzsche).