18 de julio y vivas a Franco
foto-autor

De Franco guardo memoria de un señor viejísimo, con gafas de sol más grandes que su cara, que nunca se moría. Era demasiado pequeña. Del dictador puedo discutir, de la misma manera que no me importa hacerlo sobre la segunda o la primera república, sobre Alfonso XIII o Isabel II, pero soy incapaz de imaginarme ninguno de esos señores y señoras presentes. Entre otras cosas porque están muertos.

Lo digo porque ayer, 18 de julio, circularon por redes sociales mensajes celebrando el «82 aniversario del glorioso alzamiento nacional». Que un anciano intente recuperar los mejores años de su vida en la memoria del pasado idealizado me resulta comprensible. También los hay que suspiran por la Pasionaria o Carrillo. Pero que alguien más joven que yo entre al trapo con el tema de Franco es tan patológico como las obsesiones de Zapatero con la Guerra Civil.

Me mosquea que el pequeño caudillo esté de nuevo en las conversaciones. No se hablaba de él desde la Transición. Y quien lo ha puesto de moda ha sido la izquierda, desde luego. Pedro Sánchez es el más interesado en esta resurrección. El cuerpo de Francisco Franco le importa un ardite, pero le encanta que los españoles se peleen por él, porque favorece su candidatura electoral.

Nadie va a votar a un señor que ha apuñalado a medio Partido Socialista, que se aferra a un puesto al que accedió con 84 escaños y que ha pactado con pro etarras e independentistas. Pero ¿y si ese sujeto te defiende del franquismo? ¿Y si ese hombre une a toda la izquierda –PSOE, Podemos– y forma un frente patriótico contra los fascistas? ¡Amigo! El relato cambia. Como cambia enfrente: ¿desde cuándo está de moda dar vivas a Franco? Quien le encuentra glamour a esto es porque cree que el Frente Popular ataca de nuevo, que es lo que Pedro Sánchez quiere vender.

Lo primero que tiene que acontecer para que cualquier sensación pase de ser mera emoción es que Sánchez gane los comicios. Y eso se le da fatal. Entretanto conviene recordar que la derecha que ganó la guerra civil está tan fallecida como la izquierda que la perdió. Y todos tan alejados como Franco. El espectro del caudillo sólo sirve a quienes quieren cargarse la Transición. Los que acusan a la Monarquía de heredar el franquismo y enarbolan la bandera republicana. Tan viejuna. Y tan culpable es de esa resurrección el que se entusiasma por el traslado del cadáver de Cuelgamuros como el que rebusca en google la letra del Cara al Sol. No caigamos en trampas perversas.