Hay un sordo movimiento popular de fondo que pretende acabar abruptamente con la actual situación política. De momento se manifiesta sobre todo a través de las redes sociales. Crece el clamor exigiendo «elecciones, ya». Esa es la consigna, que se extiende por los móviles como un reguero de pólvora. El malestar con Pedro Sánchez está llegando a límites insoportables. Más que la forma de llegar al poder, que también, lo que se cuestiona es su empeño en mantenerse en él con el apoyo de los enemigos de España y, sobre todo, su manera de ejercer ese poder.

Los aspectos que más irritan al personal son su trato amigable a los separatistas catalanes, que siguen en sus trece, sin renunciar al golpe de Estado, su errática y peligrosa política inmigratoria, el empeño en revolver el pasado de una España que estaba reconciliada, la perniciosa ideología de género y el afán de tomar al asalto, en provecho de los suyos, todas las instituciones y empresas públicas, empezando por TVE. Detalles como su viaje en avión oficial al concierto de «The Killers» en el Festival de Benicasim, declarado secreto de Estado para no dar explicaciones, y la colocación de su mujer, bien pagada, en una empresa que recibe fondos públicos, han acabado por incendiar los ánimos. Se recogen firmas para modificar, por iniciativa popular, la ley que regula la moción de censura. Lo que proponen sus instigadores es que la moción sirva, si triunfa, para convocar elecciones, no para gobernar hasta el final de la legislatura con una coalición imposible como ocurre ahora. Y circula por la red la convocatoria de una manifestación en Madrid, que se espera gigantesca, exigiendo el final del mandato de Pedro Sánchez y la convocatoria inmediata de elecciones para salir del peligroso atolladero, en que, según sus promotores, se encuentra España. Así que nos encaminamos a un otoño caliente. El panorama de Cataluña es cualquier cosa menos tranquilizador. Septiembre viene tormentoso con la Diada, y teñido de amarillo. No hay apaciguamiento. La agitación empalmará con el aniversario del 1-O y adquirirá dimensiones incontrolables con el juicio a los golpistas, que se convertirá en el proceso al «procés», algo memorable.

El presidente Sánchez, con su radical contradicción interna, se ve desbordado por los acontecimientos. La falta de apoyo a los presupuestos, o con contrapartidas inaceptables, y la agresiva irrupción de la emigración ilegal tampoco favorecen sus planes de permanencia. Dice Bertrand Russell, que «el hombre embriagado con el poder está desprovisto de sabiduría». Eso parece. Se acerca el momento de la verdad. Ante el desbarajuste, los españoles reaccionan.