Cien años de Solzhenitsyn

César Vidal

Esta semana se cumplen cien años del nacimiento de Alexander Solzhenitsyn. No me sorprende que no se recuerde. Solzhenitsyn fue la voz que gritaba en el desierto de un mundo que deseaba cerrar los ojos ante los horrores del comunismo. Héroe condecorado de la Gran guerra patria contra el invasor nazi, fue detenido por unos comentarios negativos acerca de la conducción de las operaciones por Stalin y de resultas fue a parar al pavoroso GULAG, GULAG donde tuvo la suerte de quedarse en lo que él mismo denominó el primer círculo, es decir, aquellas prisiones donde los científicos trabajaban para la dictadura. Fue en aquel GULAG donde además Solzhenitsyn se encontró con Cristo y experimentó una profunda conversión. Deportado a Asia central tras cumplir su condena, Solzhenitsyn sólo pudo comenzar a publicar durante el deshielo jrushoviano. Vio así la luz su «Un día en la vida de Ivan Denisovich».

Luego vinieron el Premio Nobel de literatura – uno de los más extraordinarios – la redacción de obras maestras como «Pabellón de cáncer», la recopilación de datos para su «Archipiélago GULAG», la expulsión de la URSS y el exilio en Estados Unidos. Incluso tuvo tiempo para pasar por España y recibir los ataques feroces de una izquierda fanática que no ha dejado de rebuznar totalitarismo en las últimas décadas. Posiblemente, eso explique el pavoroso silencio actual y el hecho de que no se haya traducido al español su obra maestra, «La rueda roja», que no tiene nada que envidiar a grandes ciclos novelísticos como «La comedia humana» de Balzac o la saga zoliana de los Rougon-Macquart. Solzhenitsyn era incómodo. Primero, porque contó con detalle y precisión el pavoroso horror que significa la utopía predicada por gente como la de Podemos; segundo, porque era un cristiano convencido y sin complejos que insistió en que no existe esperanza para nuestro mundo apartado del anuncio del Evangelio; tercero, porque no estaba dispuesto a contemplar al otro bando sin inteligencia crítica. Finalmente, logró regresar a Rusia y allí escribió la mejor Historia de los judíos en la gran nación eslava –también inédita en español– y algunos libros magistrales de análisis de la realidad. Entre ellos se encontraba «El colapso de Rusia» que tuve el privilegio de traducir hace ya tiempo. Solzhenitsyn fue un faro de luz y es lamentable que en España nadie lo recuerde cuanto tan necesitados de luz estamos.