El F.C. Barcelona decidió hace unos meses no retirar la medalla de honor que le concedió a Francisco Franco, al considerar que su entrega era una imposición del régimen y en ningún caso una concesión.

En España hemos sufrido el mantra de que el «Barça» era el club de la oposición democrática al fascismo y único representante de los valores catalanes frente al club oficial del régimen, el Real Madrid; enemigo que gozó de múltiples ayudas de Franco para ganar ligas y Copas de Europa; y el otro equipo catalán, el «Espanyol», club de los traidores a las esencias patrias. Pero la llamada memoria histórica suele conjugar mal con la realidad. Durante la Segunda República los azulgranas no cosecharon ningún título de Liga, mientras que el Real Madrid, que representaba a la burguesía liberal capital, ganó dos campeonatos y dos Copas de España. Con la victoria franquista las tornas cambiaron, los éxitos llegaron a las vitrinas barcelonistas y a partir del 1939 ganó cinco Ligas y cuatro Copas –en los años más duros y más represivos del Régimen– hasta que la saeta rubia, Di Stéfano, llegó a Madrid para cambiar la historia del club blanco, ganando su primera liga «fascista» en la temporada 53-54.

Las ayudas del franquismo fueron ingentes al Barça. Sus dirigentes olvidan que en 1950 fue el régimen quien tramitó el papeleo y nacionalización para el fichaje del húngaro Ladislao Kubala, presentado como un icono anticomunista; además de facilitar la recalificación del club, gestionado personalmente por Franco, que lo salvó de la bancarrota al saldar una deuda de 230 millones de pesetas por la construcción del Camp Nou, y que venía precedida de otras dudosas recalificaciones.

Y es que el Barça fue un club franquista. Franquistas fueron los que diseñaron el marco mental del Barça: el dibujante icónico del Barça, Valentí Castanys, creador de la figura iconográfica del abuelo con zamarra azulgrana y larga barba blanca, que huyó en 1936 a Donostia; el presidente Narcís de Carreras, célebre por su frase «el Barça es més que un club» y que colaboró de forma activa con el nuevo régimen en 1939 de regreso de su exilio y franquista era Esteve Sala i Cañadell, el empresario y presidente del club entre 1934 y 1935, propietario del «Quiosco Canaletes» que puso de moda les celebraciones del Barça en Canaletas con la venta de bebidas en su quiosco. Huyó de Catalunya a al inicio de la guerra civil refugiándose en San Sebastián donde murió.

El club catalán condecoró al dictador en 1951 con la insignia de oro y brillantes, en 1971 se le concedió una medalla tras un homenaje al Caudillo por la benevolencia del Régimen en la construcción del Palau Blaugrana y el Palacio de Hielo y fue nombrado presidente de honor de ambos recintos, y en 1974 en una audiencia oficial, volvió a entregar la medalla de oro coincidiendo con el 75 aniversario del club.

Durante la dictadura, el Barcelona ganó más Copas del Generalísimo que el Real Madrid. El Barça ha sido el club más franquista de España, aunque no les guste.