En la víspera de la semana de la mujer, recordemos que el empoderamiento femenino está ayudando a empresas, familias, sociedades, a contribuir a un mundo más equilibrado, enérgico y avanzado. Por nuestra parte, hemos de tomarnos más en serio a nosotras mismas, saber que valemos más de lo que quizás se nos ha hecho creer y tener aún más confianza en nuestro potencial. Vencer nuestra modestia, aprender a decir no y exprimir nuestras capacidades sin miedo a que se nos tache de tener ese punto de agresividad, tan mal visto en nosotras, es fundamental.

El germen de todo está sin duda en la educación. La escuela es el instrumento fundamental para tener futuro, explorar y potenciar nuestras posibilidades, en definitiva, para ser libres. El incremento de poder de decisión de las mujeres es vital en muchos aspectos, pero déjenme incidir en el más importante y utópico de todos: la paz. Creo que la capacidad mediadora y comunicativa de las mujeres contribuye a solucionar conflictos que históricamente se han resuelto con violencia. Nuestro poder de trasladar la furia de las vísceras al cerebro, en lugar de levantarnos en armas, ha de ser utilizado para resolver aprietos de una manera pacífica y dialogante. Esta es una de nuestras grandes y variadas virtudes.

Además siempre nos hemos encargado de transmitir a los hijos lo más importante: amor y fortalezas humanas (el amor por el conocimiento, la valentía, la perseverancia, la honestidad, generosidad, sentido de la justicia, capacidad de perdonar, la humildad, gratitud, el sentido del humor, la espiritualidad...) por suerte hoy esta necesaria y vital tarea para cualquier ser humano, está cada vez más compartida entre padres y madres.

Aún nos falta cambiar el «¿seré capaz?», producto de ese dichoso Síndrome del Impostor del que tanto nos cuesta liberarnos, por el «¿cuándo empiezo?». Pero vamos por el buen camino.

Sin masculinización pero sí con firmeza, demostramos, especialmente a partir de este semana que promete manifestaciones históricas, que conseguimos lo que nos propongamos y somos vitales para el progreso y el entendimiento.