El Vaticano ha tenido que explicar el gesto del Papa en el Santuario de la Virgen de Loreto al retirar de forma brusca su mano cuando los fieles intentaban besarle el anillo. Lo que dice la Santa Sede es que Francisco trataba de esta manera evitar contagios a toda esa gente que hacía cola y que pudieran enfermar. A todo eso se une la expresa petición del Papa por evitar ese gesto. Desde el primer día de su Pontificado, Francisco pidió que nadie le besara el anillo ni le hiciera genuflexiones como símbolo de humildad y sencillez y quienes conocen a Bergoglio saben que siempre ha preferido el abrazo a cualquier otra cosa. Igualarse con el resto. Todo eso, a poco que se rasque un poquito, se sabe desde aquel día de Marzo en el que apareció en el balcón de San Pedro y le contó al mundo que llegaba un Papa del fin del mundo. Espero que este mundo hortera en el que vivimos haya respirado tranquilo. Ignorar estos detalles es ignorar completamente la misión de Francisco y, sobre todo, la personalidad clara, fuerte y rotunda de este Papa. Asombrarse por su decidida tendencia a no perder el tiempo en pamplinas es hacerle un flaco favor a su ministerio. Me alucina la crítica que estos días he escuchado (de gente supuestamente católica) apelando al protocolo del Vaticano, creyendo que esas normas de cortesía están o pueden estar por encima de una misión tan importante como la que se ha marcado este cura argentino que se ha puesto fecha de regreso a su parroquia en el Barrio porteño de Flores. Siento decirles a todos esos escandalizados que Jorge Bergoglio no va a parar. Y siento decirles que le da lo mismo que Vds se escandalicen, que se echen las manos a la cabeza por un gesto o que les parezca mal la entrevista de esta noche. Cuando uno tiene clara su misión y vocación no puede perder el tiempo con esta Europa relativista y mentirosa. Aguante el Papa Pancho.