Un voto muy provechoso
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Cuando se deposita la confianza en unas u otras opciones políticas, en unos u otros perfiles de candidatos a manejar el timón del país durante los próximos años, siempre queda un ápice de duda razonable a propósito de hasta dónde podrá o querrá llegar el señalado por el votante. En el caso del socialista Pedro Sánchez ya se cuenta con un aperitivo de poco menos de un año al frente del gobierno y los electores que le han dado su confianza es muy probable que tengan algunas cosas seguras, todas ellas positivas. Es difícil cuantificar hasta dónde no podrá llegar el ejecutivo de izquierdas que se conforme en torno al PSOE, pero desde luego no resulta tan aventurada la previsión de hasta dónde sí podrá llegar y eso desvela al elector muchas dudas a propósito de para qué va a servir su voto a Sánchez. A saber, podría darse la circunstancia de que la desaceleración económica sea una realidad, ligada a elementos como el aumento del gasto en línea con el criterio del socio podemita, pero ¿qué supondría un frenazo en la economía cuando está garantizado que las actas del Congreso, los actos oficiales y todo el elenco de acontecimientos públicos acabarán contado por ley con el obligado lenguaje inclusivo? Nada como equiparar toda la terminología masculina y femenina en la Real Academia Española. Para algo ya habrá servido ese voto.

Puede cambiarse la legislación laboral, pueden sentarse las bases para un revisionismo permanente de todo lo avanzado en años anteriores en lo relativo a la recuperación del empleo, puede volver a dispararse el dato del paro hasta porcentajes que quedaban en el peor recuerdo, pero ¿qué supondría eso también comparado con un Estado que podrá situarse como líder y ejemplo en Europa y en el mundo a la hora de dar la bienvenida de forma abierta e indiscriminada a todo inmigrante sea legal o sea ilegal que asome por nuestras fronteras? ¿No es motivo de orgullo acabar siendo los campeones de las «puertas abiertas» frente a unos «insensibles» socios de la UE?

Puede abrirse un período de negociación política con quienes no abjuran de su intención de acabar con la integridad territorial del Estado separando de España a una parte de su territorio, incluso pueden bordearse los límites de la desigualdad entre españoles en detrimento de otras comunidades en pos de una solución política para el desafío independentista en Cataluña, pero ¿qué es eso comparado con la sublimación de la democracia, con el «derecho a decidir», con la idea de una España «plurinacional» o con la bocanada de dialogo que aportan las mesas de partidos y los «relatores»?

Puede aumentarse la presión fiscal sobre las clases medias o cuestionarse la educación concertada, pero ¿qué sería todo eso comparado con escuchar en el día a día cotidiano los «jóvenes» y «jóvenas» o «el» y «la» Real Madrid? Siempre hay algo positivo, algo provechoso en la decisión de los electores. En algunas cosas ya hay algo ganado.