Hay un vídeo de Michael Caine que se ha hecho viral y no me extraña. En una entrevista en el Show de Stephen Colbert de noviembre de 2015, el maravilloso y prodigioso actor decía: «Había una frase en la película, en una escena. El doctor me decía ¿cómo se siente siendo viejo? Y mi respuesta en el guión era: No entiendo cómo llegué hasta aquí. Y por dentro pensé ¡Yo tampoco! Aquí, que todos son muy jóvenes, voy a decirles qué les va a pasar cuando lleguen a mi edad. Van a pensar ¿qué pasó? Hace como ocho años tenía treinta y seis. Todo pasa muy rápido. Una vez, un periodista me preguntó ¿cómo se siente siendo viejo? Y le dije: bueno, considerando la otra alternativa ¡fantástico!». Ayer le pegó un susto a Iker Casillas la patata y, además de desearle que se recupere cuanto antes y que pueda disfrutar de su mujer y sus hijos todo el tiempo del mundo (ya, ya sé que le di tela cuando estaba en el Madrid por «mandar en cana a su defensa», como dicen en Argentina), a una cierta edad te sientes cerca de todo el mundo aunque no sea de tu cuerda. En uno de estos traspiés es cuando notas que todo se te puede desmoronar en un instante, incluso si eres un deportista de élite, controlado, a punto, en forma. En uno de estos traspiés se te puede ir la vida, y se va un poco la vida de los que te rodean. Añoro aquellos días de juventud en los que piensas que nada puede pasarte, que eres inmortal, que lo de los viejos no va contigo. Y de pronto, la edad se te va volando, se pasa más rápido de lo que te contaron o la salud te hace un quiebro. Disfruten sin ahorrar demasiado. Quieran. Corran riesgos. Vayan a esa cita que levantaron. Vivan. Que de este negocio no se puede guardar nada debajo del colchón.