El «procés» de Batet

Pedro Narváez

Barretina y butifarra. La Mesa del Congreso se ha convertido en una fiesta popular, tan ebria que diríase rebasó el límite permitido de ratafía. La señora Batet se estrena pidiendo una «second opinion» a los letrados de la Cámara, como si estuviésemos en un juicio a la americana, para decidir si suspende a los políticos presos. El «procés», pues, ya no se ventila en el Tribunal Supremo sino en el templo que los presuntos delincuentes quisieron derribar, lindos gatitos frente a lo leones. Cuando el gatillazo de Iceta, Sánchez explicó que no buscaba a catalanes con cierta simpatía hacia las reivindicaciones independentistas, no, sino a los mejores. Ahí están. Los números uno en echar un pulso desde el poder legislativo al judicial. Eso se llama procastrinar a conciencia a la espera de lo que dicten las urnas el domingo, como si la suerte no estuviera ya echada. La Ley es tan clara que hasta un imberbe estudiante de Derecho sabría de dónde inclinar la balanza si tuviera la venda en los ojos. Pero la venda ya cayó. Cero points. Ni Bielorrusia. Rufián aseguró que si la pachanga de canción hubiera representado a Cataluña no estaría al final de la tabla. Hasta en Eurovisión, la culpa la tiene España. Sabemos lo que la duda de la presidenta de la Cámara Baja esconde, hacer migas para mojar en el café de Junqueras. El estreno de este nuevo folletín promete emoción. Es el inicio de una bonita amistad que veremos crecer en cada capítulo hasta el éxtasis final, ahora que estamos ávidos de nuevas series. Si Batet no se da prisa al final veremos a Jordi Sánchez frente al Rey regalándole en lugar de «Juego de Tronos» la película «fake» del «procés» envuelta en un lazo amarillo.