Un filósofo saduceo

Martín Prieto

Un extravagante Quin Torra, presidente de la Generalitat en calidad de servomando del Pimpinela Escarlata del periodista Puigdemont, ya nos ha avisado que si los golpistas catalanes son condenados por el Tribunal Supremo el proclamará la declaración unilateral de independencia. Así las cosas es venial que el presidente del Senado, Manuel Cruz, advierta que si se dan condenas la Cataluña separatista responderá. Algo contingente ya que ni él ni futuros golpistas saben cómo será esa respuesta, si se diera, no habiendo otra legal que la apelación a tribunales internacionales. Cruz milita en el socialismo catalán, y ha sustituido en el Senado a Miquel Iceta, imposible tapado de Sánchez para el cargo, y esa militancia PSC-PSOE conlleva el síndrome Doctor Jeckyll-Mister Hyde, esquizofrenia, trastorno bipolar y la complicada conjugación de socialismo con nacionalismo. Decía Mitterand que el nacionalismo suponía la muerte del pensamiento ya que el sentimiento de la patria bastaba, y hacía innecesarias dudas y cavilaciones. Cruz tiene créditos de buen filósofo y como ratón de biblioteca o aula tiene pocas horas de fragor político y se ha estrenado con un dislate. Sugerir que la tranquilidad volverá al agitado estanque catalán cuando el Tribunal Supremo absuelva a los golpistas del 1-O supone condicionar a la más alta Magistratura de la nación, sin siquiera esperar a que se dicte sentencia. Cruz es otro asesino de Montesquieu, barón de Secondat y padre de la separación de poderes. Llegará un día en que desde las poderosas e impunes redes sociales se pida la absolución o el indulto de cualquier organización criminal juzgada aludiendo a un supuesto bien común, y el Supremo habrá de hocicar. Las comparaciones son odiosas pero salvando el contexto, las distintas circunstancias y la máquina del tiempo, el Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República condenó a 30 años a Companys por otra declaración unilateral de independencia y dos años después fue amnistiado por el Frente Popular. A la Justicia republicana ni se le pasó por las mientes absolverle a menos de quedar a los pies de los caballos y subastar las sentencias a la puerta de los juzgados. Será el supuesto de Mitterand sobre la decadencia del pensamiento al introducirlo en una solución nacionalista, porque Cruz hace un planteamiento saduceo que picaronamente atropella a quien lo afronta: si son absueltos aquellos que vimos por televisión aplastar la Constitución, mal; y si son condenados, peor. Dan a elegir entre la peste y el cólera.