Las reglas del fútbol

Enrique López

En una sociedad organizada el respeto a las normas es uno de los principios básicos de la convivencia, ello permite no solo respeto al orden instituido, si no y, además, el desarrollo de los derechos fundamentales y libertades públicas. Al igual que ocurre por ejemplo en el fútbol, el respeto a las normas es uno de los elementos básicos del desarrollo de tal actividad, pero no se puede soslayar que muchos intervinientes en la actividad deportiva utilizan la infracción de las normas como un elemento táctico para conseguir la victoria, o por lo menos para evitar la derrota. Un equipo que juega bien al fútbol y que es técnicamente superior, lo que pretende es que en todo caso se cumplan las normas. Por el contrario, los equipos técnicamente inferiores pueden correr la tentación de buscar la infracción de la norma para conseguir mejores resultados deportivos. En la vida normal ocurre algo muy parecido, muchos ansían que desaparezcan las líneas para así poder posicionarse mejor; incluso en muchos casos, intentarán que el campo esté embarrado, de tal modo que se dificulte al máximo la labor del árbitro. Ante ello, la transparencia es uno de los mejores antídotos frente al despotismo del poder por un lado y la anarquía por otro. No podemos consentir este permanente desdibujamiento de las líneas que algunos pretenden, presentando una alergia al acatamiento de las normas y del poder constituido. Decía Gandhi que «Debemos ordenar el caos. Y no tengo duda de que el mejor y más veloz método es implantar la ley del pueblo en vez de la de la turba». La ley del pueblo formalizada a través de sus representantes es el mejor antídoto frente al caos, y no debemos olvidar que no hay democracia sin ley, y no hay ley legítima sin democracia; esto supone que ni la democracia esta por encima de la ley, ni la ley por encima de la democracia, sencillamente es que no hay una sin la otra; orden sin libertad es igual a libertad sin orden. Una sociedad que pretende prosperar y reducir desigualdades lo debe hacer sobre la base del cumplimiento de las reglas del juego que el pueblo se ha dado, y nada ni nadie puede justificar su trasgresión al amparo de supuestos valores superiores.