Seguir al corazón
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Qué difícil es seguir el dictado del corazón en un mundo que te exige seguir el de las masas. Ayer observaba en la Feria del Libro que la gente se paraba en las casetas donde había más gente. Una atracción por las filas que esperan. Hay, por suerte, algunas personas que buscan respuestas, que tienen el don de ver lo que otros no ven y no confían en la esperanza quieta. Es complicado mirar desde uno mismo y pasar a la acción; decir lo que se piensa sin miedo a que te miren como si fueras una loca o un raro. Porque así miran a los diferentes los que siguen el dictado del poder. Además, es difícil seguir los dictados del corazón cuando se tiene herido, y la mayoría lo tenemos. Pero el corazón se puede curar, es cuestión de aprender a escucharlo y creerlo; de expresar lo que siente sin agresividad. Es saber decir: yo creo que esto es así, solo lo creo, es un sentir. He visto tantas ovaciones en el teatro a espectáculos vanos, únicamente llenos de fama, de moda, de dinero. ¿Y quién patearía en esa situación? Te irías a la lista negra de los insumisos. Pero el corazón no miente, y nos dice que ese cuadro es solo una mancha, por mucho que la haya realizado una mano galardonada. El corazón te hace huir de las personas tóxicas, de los lugares insensibles, del humo sin resplandor.

Como por fortuna todos somos diferentes, nuestros corazones nos dictan sentimientos diferentes. Lo único que importa es que sean propios y dúctiles, que no invaliden los de los demás. Porque es en los demás donde el corazón se hace grande.