Mentiras y más mentiras
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Jean François Revel lo esculpió en 1988, apenas un año antes de que colapsara –sin que nadie lo hubiera previsto– el Muro de Berlín y el bloque soviético: «La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira» era la frase inicial de «El conocimiento inútil», una crítica feroz y documentada de la manipulación ideológica. Más de treinta años después, la mentira reina con descaro por sobre la política en casi todas partes y, estos días, en la España que aguarda una investidura presidencial y que se ha adaptado a vivir en una especie de provisionalidad gubernamental permanente. «No tengo ni idea quién está mintiendo, incluido mi propio partido», comenta entre resignado y divertido un importante dirigente político, al día siguiente de que RTVE entrevistara a Otegi y algo después de que el diputado de Bildu Jon Iñarritu apareciera con corbata en el Congreso en el homenaje a las víctimas del terrorismo. Algo significará.

Pedro Sánchez está en Osaka, en la reunión del G-20, en donde se da a sí mismo un baño de relaciones internacionales, decidido a enarbolar la bandera de la penúltima esperanza de la socialdemocracia europea. El presidente, bien plantado y con buen dominio del inglés, tiene éxito en esos foros y lo aprovecha para labrarse un prestigio entre los dirigentes mundiales. Puede conseguirlo, pero su objetivo también es incompatible con abrir las puertas del Gobierno a Unidas Podemos. En España dejó su último órdago a la formación morada y también a parte de su equipo de más confianza, dedicado a trabajar en la investidura, indicio de que aunque la rumorología gubernamental apunta que habrá que esperar a septiembre por lo menos, Sánchez, en el fondo, está convencido –y trabaja para ello– de que a mediados de julio puede ser investido. El presidente calcula que la pareja Iglesias-Montero tendrá que ceder en el último momento porque les va la supervivencia política, igual que en la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso (PP) e Ignacio Aguado (Ciudadanos), creen que el matrimonio Espinosa de los Monteros-Monasterio también deberá dar su brazo a torcer. Ambos grupos extremistas se juegan su supervivencia. Los Gobiernos no están a su alcance, pero sí otros objetivos. Deberían saberlo y no está claro que lo sepan. La estrategia de Sánchez, además, también presiona a Rivera, que ya dijo en su día que nunca votaría ni al PSOE ni a Rajoy en una investidura y luego hizo lo contrario. Mentiras y más mentiras a la espera de una certidumbre.