Oigan, se lo juro. Hoy iba a escribir de Podemos. De los posibles ministrables que va a proponer Pablo Iglesias ahora que se ha echado al carril de la derecha para desatascar el tráfico. Iba a contarles que algunos de esos nombres me parecen capaces y con la altura que se requiere para esos menesteres pero que hay otros que no pasarían algunos requisitos fundamentales pero, ay, pero se me cruzo de nuevo Vox y aquí me tienen, con una plancha caliente puesta en el muslo para calmarme la mala leche. El portavoz de los Abascales en el parlamento andaluz, Alejandro Hernández, ha equiparado la muerte del agresor y la de la víctima en un caso de violencia de género.

El viernes le preguntaban a este señor por el presunto crimen machista del miércoles en Cortes de la Frontera, provincia de Málaga, que acabo con una mujer asesinada supuestamente por su marido, que después se suicidó. Cuando creíamos que, retirado el juez Serrano, nada podía ir a peor en ese partido; cuando pensábamos que se superaban algunas posturas groseras, grotescas y más propias de la mula Francis que de un ser humano; cuando nos estábamos felicitando por el retorno a algo parecido a la cordura, aparece Alejandro Fernández para corroborar que, efectivamente, no se trata de una casualidad esta manera enfermiza que tienen los portavoces de Vox de concebir, no ya la igualdad o las políticas de género, sino de concebir el asesinato de una mujer a manos de su marido.

«La muerte es igual de grave en uno y otro caso. Son dos cosas diferentes, pero el resultado es el mismo, dos muertes, dos hechos igualmente luctuosos». La obsesión de estos señores está llegando a unos niveles que les convierte, lamentablemente, en orates políticos. A ver si vuelve la Sección Femenina y la asignatura de «Hogar» y conseguimos así que esta gente duerma tranquila.