El discurso del Rey en el acto de apertura de la Legislatura en el Congreso de los Diputados, fue ovacionado durante cuatro minutos. «España de todos y para todos». Los ministros de Podemos aplaudieron a Felipe VI, pero no el resto de sus diputados y senadores. Todo calculadito. Iglesias aplaudió. Horas antes protagonizó una de las manifestaciones más guerracivilistas inmersas en el desbarajuste general. Dio a entender de la necesidad de resistencia social por cualquier método para defender «el progreso». No se atrevió a igualar la declaración de uno de sus principales financieros, el narco-bolivariano Diosdado Cabello, que no está obligado a disimular: «Tenemos cuatro millones de miembros de la Milicia –civiles armados–, y todos están dispuestos a defender con armas la “revolución”».
Ovación casi unánime y prolongada. Por mucho que intenten reducir la importancia de la Corona, no lo consiguen. Cuando habla el Rey, habla España, y de ahí la despreciable enemistad que le muestran las bazofias separatistas que sostienen al Gobierno, una de ellas todavía con sangre de inocentes en sus palabras. El chulo de Bildu, de la mano del burgués Rufián, los del fugado Puigdemont, los violentos de la CUP y los inanes del BNG, leyeron un comunicado infame. Y el representante de Bildu, un tal Matute, diputado proetarra, nos recordó «que el Rey no nos representa porque impone la unidad de España». El Rey no impone nada. Garantiza con la Corona el cumplimiento del orden constitucional y la unión histórica de los reinos y territorios de España. Esos cinco representantes de la bazofia, tan antiespañoles, perciben más de 250.000 euros al año del dinero de los españoles, y no han renunciado a sus remuneraciones. Lo primero el dinero, y después, lo demás. Tildaron al Rey de «franquista», cuando la Corona es la que les ha concedido la libertad sin límites de opinión. Interesante el discurso de la presidenta del Congreso, Marichel Batet –una de cal y una de arena–, que reivindicó la figura del Rey como elemento integrador de España y finalizó sus palabras con un «Viva España y Viva el Rey», que desmenuzó los cotubillos de los podemitas. Y se echó de menos, una vez más, la defensa de la Corona y del Rey por parte de Sánchez, que no desea enfrentarse, ni por simular la simple cortesía, a las bazofias separatistas y proetarras que sostienen su inquilinato en La Moncloa. Lo malo para las bazofias, es que el Rey, una vez, salió triunfante y con el prestigio en aumento, porque la grosería institucional de la mugre no hace otra cosa que elevar la imagen del Rey, bastante elevada ya de por sí. Dicho sea de paso. Y el ministro de Consumo, el comunista de 1920 Alberto Garzón, con su impecable atavío indumentario, traje y corbata bien anudada, también se consumió en aplausos. Y es que el poder tiene esos chaflanes. De la mala educación en la oposición, del insulto y el desaire, a la ovación sonriente.
El Rey acudió acompañado de la Reina, de la princesa de Asturias y de la Infanta Sofía. Hace bien en llevar a sus hijas al circo, para que pierdan el miedo a las panteras y los mandriles que algún día tendrán que tratar con la natural superioridad moral, ética y estética que han aprendido de su padre y de su abuelo, si bien las panteras y los mandriles, en la presente ocasión, se hallaban ausentes del hemiciclo. Los que vimos el acto por televisión, nos sumamos a los cuatro minutos de aplausos –sinceros muchos, de camuflaje otros–, que tributaron al Rey después de recordar que la mitad de España no puede estar contra la otra mitad. Al Rey le podrán rebajar el número de compromisos y actos, no defender a su persona ni a lo que representa, ocultarlo y pretender que su figura y su compromiso con la libertad y el Estado de Derecho se desvanezcan. Cuanto más lo intenten, menos conseguirán sus objetivos. Tenemos Rey para rato, que reina desde el respeto a todos los españoles, a los buenos, a los tibios, a los malos, a los traidores y a las bazofias separatistas y proetarras con justicia y ecuanimidad.
Y con mucha educación. Si yo fuera el Rey, que no lo soy afortunadamente, ya habría mandado a más de uno a tomar por culo.