El avispero de Sánchez

Durante el pleno  del Congreso de los Diputados en el hemiciclo. Pedro Sánchez y Carmen Calvo.
Durante el pleno del Congreso de los Diputados en el hemiciclo. Pedro Sánchez y Carmen Calvo.Cristina BejaranoLa Razón

Pedro Sánchez se ha metido en un avispero con la mesa de diálogo que ha citado para el próximo lunes. Las relaciones entre los independentistas son complejas, mucho más a las puertas de unas elecciones en Cataluña porque ERC y JxCat se están jugando la presidencia de la Generalitat que, a falta del paraíso independentista, es lo que tienen más a mano para ocupar el poder en una institución del Estado español, al que tanto aborrecen.El poder significa escaños, consejeros, cargos de confianza y financiación oficial en función de los resultados obtenidos. Y no es menos importante la influencia mediática que ejercen desde las instituciones catalanas.Para un régimen como el suyo, es fundamental el control informativo, que los mensajes estén medidos y controlados porque, a fuerza de repetir medias verdades o falsedades, consiguen crear una realidad virtual.Pero el nacionalismo independentista existe porque tiene como fin la separación del estado español y si abandonasen esa máxima, dejaría de tener sentido su existencia.Por eso, es un error fundamental confundir sus intereses a corto plazo con su estrategia a largo. Lo urgente para ellos es pelear por ver quién se queda el pedazo más grande de la tarta en la Generalitat, pero lo importante es la hoja de ruta del camino por la independencia de Cataluña.Puede parecer que tienen fisuras en la mesa de diálogo, incluso los más optimistas pueden pensar que ERC ha abandonado la estrategia común con los de Torra y que su acercamiento al PSOE en el asunto de la investidura y en la coordinación tanto de mensajes públicos como de fechas es la prueba de una nueva etapa.Incluso hay quienes acarician un gobierno en Cataluña liderado por los republicanos en coalición con el PSC, en el que el papel de los socialistas sea atemperar los impulsos soberanistas y contenerlos dentro del marco constitucional.Pero eso no es nuevo, ya lo intentaron Maragall y Montilla, con un ambiente de menos ardor independentista, y quedó demostrado que fue un despropósito con consecuencias desastrosas.Además, creerse que ERC y JxCat no van a llegar a un acuerdo, dando con un palmo de narices a Miquel Iceta y al PSC, es no haber entendido nada de la lógica del independentismo. Solo les une un odio al Estado español tan grande que les hace superar todas las diferencias. No ha faltado también algún analista que cree que detrás de las prisas está la necesidad de unos nuevos Presupuestos Generales, pero esa idea es descabellada porque ni habrá nuevas cuentas ni tenerlas es tan caro. Sánchez cree que es una estrategia inteligente porque les divide, pero eso es muy ingenuo, en realidad, son los independentistas los que han conseguido dos cosas: mantener viva la esperanza entre sus adeptos de que llegará la ruptura con España y, lo que es más complicado, usar el poder del gobierno para alimentar esa idea.Pero hay que ser justos, poco margen le queda al presidente porque cada mañana que despierta en Moncloa, alguien le recuerda porqué está allí.