En las Cortes españolazas se pueden hacer muchísimas cosas: leyes, reuniones, meriendas, comisiones, gimnasia… La vida aquí parece un anuncio de compresas. Total, que me aburro y me voy a mi casa. Hasta las gónadas de votar que no. Y estoy yo en mi sofá, viendo un documental en YouTube sobre cómo quitar los pelos de la nariz sin dolor, cuando llama mi madre para decirme que ha comprado unas medias antisudoración, y que la Tierra es redonda. «¡Ah, no! Lo de las medias vale, porque milagros tiene que haber alguno. Pero lo de la tierra redonda… ¡por ahí no paso!», le contesto, airada. De hecho, estoy montando una Fundación de Terraplanistas en el Congreso de las Diputadas y DiSputados. Ya se han apuntado 47 señorías. Un logro diplomático que no han conseguido los de las mesas parlamentarias que han dejado fuera a Vox, cuyos diputados se han quedado sin mesas incluso en la cantina. Pero yo tengo un carácter inclusivo fenomenal y, mientras paguen sus cuotas, no discrimino a nadie. Que la Tierra es plana lo sabe cualquiera con dos dedos de frente. Si fuese esférica nos caeríamos todos. He hecho migas con una simpática diputada que es de esas que te llaman de tú y de usted en la misma frase, y que se muestra convencida de que la Tierra está apoyada en cuatro pilares, sujetos por elefantes que a su vez se sostienen sobre una tortuga gigante. «Es que tú sabes que se nos tiene que tener en cuenta, usted que ha hecho esta fundación científica a favor de la Tierra plana lo comprende, porque tú y yo conseguiremos, ¿sabe usted?, que se declare oficialmente plana a la Tierra. ¡Es nuestro derecho!», me dice la diputada, joven y de gran futuro. Asiento, deslumbrada por su perspicacia y porque es hija, o cuñada, de un mandamás. Dándome cuenta, tras esta preclara conversación, de que el terraplanismo es un negocio con proyección mundial, anuncio en Twitter que abro el plazo para donar pasta a mi fundación terraplanista… Pero enseguida me llueven las críticas por parte de la crispada ciudadanía. La gente antiguamente iba a presenciar ejecuciones en sus ratos libres, y hoy hace comentarios amargados en Twitter. Realmente yo creo que sí hemos evolucionado. Pero que todavía nos queda mucho.