Los hermanos Rossend y Joan Pich i Pon, fueron dos políticos que dejaron una profunda huella en la Catalunya previa a la guerra civil, dirigentes y diputados del «Partit republicà Radical» de Lerroux, y uno de ellos, Joan, alcalde de Barcelona y presidente de la Generalitat, famoso por sus continuas salidas de tono a la hora de hablar, ya que cambiaba el sentido de los vocablos que usaba confundiendo el significado de las palabras y, por la derivación etimológica de los apellidos de Pich i Pon, se denominó «piquiponadas» a sus originales y jocosas frases.

En una tertulia dijo que, para él, el mayor tirano de la historia «no fue Nerón ni Calígula, sino Tirano de Bergerac»; de un restaurante de la Rambla de Catalunya en su inauguración dijo que tenía «una fantástica luz genital»; se reconocía partidario del homosexualismo, «que hombre y mujeres pueden amarse y dejarse cuando les parezca bien»; creía que los europeos debían vivir en su propia tierra, «los franceses, en Francia; los ingleses, en Inglaterra; los murcianos, en Murcia; los belgas, en Belgrado»; de la primera guerra mundial expuso su opinión, «ni aliadófilos ni germanófilos porque en esta empresa común todos somos hermafroditas»; entendía el peligro de la «despreciación» de la peseta; aseveró que no se dejaría «aminorar» ante las dificultades y que nadie conseguiría ponerlo «entre la espalda y la pared»; cuando Alfonso XIII visitó Barcelona, desde la montaña de Montjuic, espetó: «Majestad, a vuestros pies la ubre»; al oír cantar la Marsellesa comentó «Se me erizan los pelos del corazón»; cuando presentó en sociedad a un miembro de su familia, reconocido aficionado a la filatelia, dijo: «Y aquí mi sobrino, que es sifilítico». Joan Pich i Pon apenas sabía leer ni escribir, pero detentó siempre una habilidad prodigiosa para los negocios y la política, desde muy joven fue un empresario millonario, concejal en el Ayuntamiento de Barcelona desde 1905, diputado provincial en 1907, senador en 1918, presidente de la Cámara de la Propiedad Urbana en 1919, diputado a Cortes en 1919, instaló cables de luz por todo l’Eixample e impulsó la Exposición de Industrias Eléctricas de Barcelona, promovió la Exposición Internacional de 1929, subsecretario de Marina en 1934, en enero de 1935 nombrado alcalde de Barcelona y presidente de la Generalitat. En octubre de 1935, el escándalo del Straperlo, provocó una crisis irreversible en el Gobierno radical-cedista y salpicó de lleno a Pich i Pon, que se vio obligado a dimitir como subsecretario del Ministerio de Marina, como alcalde de Barcelona y presidente de la Generalitat. Lerroux también dimitió, avanzando el triunfo del Frente Popular.Hombre de una inteligencia extraordinaria, dio un enorme empuje a la ciudad condal, con proyectos que hizo realidad en poco tiempo, diseñó nuevas calles y avenidas, instaló el primer semáforo, inauguró la estación de Francia, urbanizó el Passeig de Sant Joan, y peleó por hacer realidad de convertir Barcelona en su soñado «petit París». Perseguido por ERC, se exilió al inicio de la Guerra Civil falleciendo en París el 21 de mayo de 1937. Su memoria resta en el olvido.