Es necesario hacer relevos en Sanidad

Estamos preparados para lo peor. Ayer, Pedro Sánchez volvió a insistir en el mismo mensaje: lo peor está por llegar. La sociedad es consciente de ello. Sólo basta asomarse a la ventana para saber que el país está confinado, la economía paralizada y sólo los servicios sanitarios siguen en pleno funcionamiento, además de otros imprescindibles. El presidente del Gobierno anunció ayer que se prolongará por quince días más el estado de Alarma, con las medidas de intervención pública que supone. Sin embargo, pese a la grave situación en la que nos encontramos, cabe preguntarse si realmente las autoridades sanitarias al frente de esta crisis están haciendo todo lo que está en sus manos. Llevamos dos semanas asumiendo que «lo peor está por llegar», pero a la opinión pública no nos llegan ningún otro mensaje. Hemos perdido 45 días minusvarolando la situación.

Los hechos están corroborando que el Gobierno va por detrás de los acontecimientos, que cuando anuncia el aumento de casos, éstos han sobrepasado las previsiones. Cuando se dijo que las UCI quedarían colapsadas, algo que por lo visto todo el mundo sabía, no se puso remedio alguno. La UME fue movilizada a destiempo y la Sanidad Militar todavía no ha tomado posición, a pesar de la celeridad con la que se han montado hospitales de campaña en Madrid de manera especial por la virulencia de la epidemia, o la intervención en control de calles o tareas de desinfección en espacios públicos. Asumimos que el asesor científico del Gobierno, Fernando Simón, era la persona indicada por su experiencia para afrontar la tarea de comunicación. Sin duda, transmitió tranquilidad; otra cosa es que su eficacia comunicativa se correspondiese con la realidad. Habíamos asumido que la progresión de la epidemia era imparable y que, por lo tanto, cualquier mal podía ser aceptado como irremediable, de manera que cuando se estaban anunciando que había 10.000 casos, el día después se habían multiplicado el doble. Desgraciadamente, en lo peor ya estamos, por lo que cuesta entender que todavía no se hayan centralizado las demandas de material para los hospitales que en primera línea están atendiendo a los enfermos. Somos conscientes de la situación de extrema gravedad que vive el país y que no es el momento de dirimir las responsabilidades en la gestión, pero es necesario reforzar los equipos que están al frente en el Ministerio de Sanidad, aunque suponga ceses. Y deberían ser cuanto antes, mejor. Ya no se trata de tranquilizar al país, sino de poner los medios adecuados. Puede que Sánchez no quiera salir dañado de esta crisis, pero eso es algo que parece imposible porque el desperfecto va a ser colectivo, pero sobran alocuciones sobreactuadas como la del sábado por la noche –que acabó siendo confusa de tan larga– y hace falta una gestión más eficaz. En la conferencia de presidentes autonómicos de ayer se pusieron encima de la mesa las carencias de material en cada comunidad, lo que parece extraño es que haya que esperar a una cumbre de este tipo para exponer cuestiones que deberían haberse resuelto en otros escalones de la Administración.

Que un presidente autonómico pida respiradores o test rápidos –como hizo García-Page– no es muy operativo: debería haberse gestionado antes. El Gobierno ya debería saber hace días que Madrid necesita 2.000 sanitarios de refuerzo, como expuso la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. Que Núñez Feijóo tenga que ocuparse de que Galicia sólo ha recibido 10.000 mascarillas sólo incide en que es necesario que Sánchez se ponga al frente del Gobierno de la nación con todo el poder que supone. La lealtad es unánime –excepto el comportamiento vergonzoso de Joaquim Torra–, pero hay que exigir a Sánchez más. Mucho más. No es el momento, como decíamos, pero está claro que este Gobierno, salvando excepciones, no tiene capacidad operativa y es un puro apaño para sostenerse en La Moncloa. El país, desgraciadamente, pide mucho más.