Coronavirus

La cuarta plaga tras el coronavirus

En un momento como éste es, precisamente, cuando nuestros representantes deberían hacer gala de un elevado Espíritu Democrático

Pleno para aprobar nueva prórroga del estado de alarma
Catalina Guille, trabajadora del servicio de limpieza del Congreso, desinfecta uno de los micrófonos del hemiciclo.MariscalEFE

Las plagas, como las muertes de los famosos, nunca vienen solas. Esta teoría (la de las plagas, no la de las muertes de los famosos) la defendemos sin paliativos la Biblia y yo. Y con el covid19 -la primera de ellas- no iba a ser diferente. Con él llegaron otras. La segunda fue la de las buenísimas personas. Una especie de ejército zombie de chivatos de ventana y policías autodesignados de la moral y lo correcto, que señalaba a cualquiera que ofendiera su especial sensibilidad al más puro estilo La invasión de los ultracuerpos, gritito incluido. La tercera plaga fue la de las fake news, y así nos alertaba en sus homilías nuestro particular aspirante a mesías, ese Pedro Sánchez mutado, en apenas cuatro semanas, de dinámico responsable de planta de grandes almacenes en Churchill de Aliexpress. Ahora nos llega con fuerza la cuarta, ya lo siento: la de los dogmáticos.

Decía David Foster Wallace que es mucho más fácil ser dogmático que democrático, sobre todo en temas molestos o con una fuerte carga emocional; ya que en el primer caso las respuestas se encuentran y se siguen y, en el segundo, hay que buscarlas y resolverlas. “Espíritu democrático” añadía “es aquel que combina el rigor de la humildad, una convicción apasionada mezclada con un diligente respeto por la convicción de los otros”.

Respeto, dice. Casi nada.

Hace unos días, Echenique invitaba desde la tribuna del senado a la oposición -ultraderecha lo llama él- a irse a su casa y dejar trabajar al ejecutivo. El gesto pasó desapercibido, pero a mí me inquietó, me pareció que rozaba (digo 'rozar’ pero en realidad quería decir ‘chapotear como en un lodazal’) lo inaceptable. ¿Se puede despreciar así la democracia desde su propia cámara de representación? Porque ese gesto no hace más que evidenciar lo que para él es el Espíritu Democrático (desdeñar al que disiente y exigir que no incomode, que comulgue o se esfume) y, lo más preocupante, es un reflejo fiel de lo que está ocurriendo en la sociedad.

En un momento como este, en pleno estado de alarma y con una situación de emergencia nacional que nos tiene a todos confinados y con algunos de nuestros derechos fundamentales secuestrados, es, precisamente, cuando nuestros representantes deberían hacer gala de un elevado Espíritu Democrático, cuando nosotros mismos deberíamos hacerlo y, además, exigírselo.

Pero pareciera que, como sociedad, estamos desarrollando una especie de preocupante mitridatismo que nos impide reaccionar ante actitudes que deberían parecernos claramente intolerables. Independientemente de nuestra ideología y de la del que las perpetra. Pero es mucho más fácil, nos lo decía Foster Wallace, ser dogmáticos que demócraticos. No son zombies, son infectados.

¿Hay algo que hacer? ¿Se podría evitar esta deriva hacia la radicalización de las posturas? No me parece empresa fácil. No mientras sigamos presenciando el vodevil de nuestros representantes, que ni siquiera en un momento como este son capaces de dejar a un lado la crispación, la furia, el ataque al adversario y el desprecio a las convicciones del otro. El sainete vergonzoso, incapaces de ceder ninguno ni siquiera en nombre del bien común de todos los ciudadanos a los que representan (el vicio errado de entender la representación del pueblo como poder, como privilegio, en lugar de como entrega y servicio), traspasa la esfera política, se traslada a la población. Nos convertimos todos, sin que medie voluntad alguna o conciencia siquiera de ello, en Adrianas Lastras desencajadas por la cólera, bufando a cualquiera que opine diferente, presuponiendo la mala fe o el desconocimiento, envileciendo la oratoria y denostando la pluralidad. Vaya cuadro.

“El rigor, humildad y honestidad que constituyen el Espíritu Democrático” continuaba Foster Wallace “son tan difíciles de mantener en relación con ciertas cuestiones que es casi irresistible la tentación de alinearse con un grupo establecido y dogmático; seguir la línea de ese grupo, permitir que tu posición se endurezca y creer que el otro bando es malvado o loco, y gastar todo tu tiempo y energía tratando de gritar más fuerte que ellos”.

En esas estamos. En gritar más fuerte.

Y a ver qué nos depara la quinta plaga. Miedo me da.