Bueno, pues ya vieron. Ahí salimos Pili y Mili a leer y tan ricamente, tan lánguidas, con ese pelo que nos ponen que parecemos dos lacias. Yo leo mejor que So, aunque se me pone cara de estarme durmiendo encima, pero ella mueve muy bien la melena. Y le ponen unos colores de persona mayor, no como a mí, que estoy del rosa que vomito. El caso es que ahí estuvimos, dando lecciones y ahora le llueven los elogios a mi hermana. A mí no es que me parezca mal, que yo mato por mi So, pero me empieza a cargar un poco eso de que sea más natural y simpática que servidora. Ja. En esta familia no nos dejan ser naturales y simpáticas, acuérdense de que Altibajos nos lleva más derechas que un ajo porro y ahí no hay narices de cantearse. Aquí hay que ir siempre como dos niñas buenas o a esa mujer se le pone el cuello de un cantaor, con la vena gorda pa estallar. Aquí hay que ir como dos pavisosas no vayamos a ser salás y Altibajos tenga de pronto la tensión alta. Que, por cierto, ya han visto que, durante el encierro, se ha dejado crecer las canas a tó lo que da. Porque ahora, durante el encierro, ni vestidos, ni diseños, ni maquillaje, ni ná. Ahora está en plan ejecutiva agresiva, se coloca los trajes de chaqueta y de ahí no la sacamos. Claro, el otro día me la encontré en el pasillo y le dije: «Mujer, date un tinte aunque sea que vas a parecer en breve Mercedes Sosa». Oye, pues me torció el morro, así que le seguí picando el billete. «En cuando tenga dieciocho, la próxima cuarentena la paso como los primos, en una finca de lujo». Es que mis primos tienen un cuajo como un balón de playa. Y los yayos, juntos. Esta familia es que te digo yo que te adoro.