El mito de la reindustrialización

Jesús Rivasés

La escasez de mascarillas ha sido el pretexto perfecto para espolear a los demagogos «de todos los partidos», como diría Friedrich Hayek, el gran rival liberal de Keynes. La búsqueda de ese artículo de protección y su encarecimiento súbito, han logrado que los más intervencionistas del Gobierno consiguieran establecer una limitación de precios, que no soluciona nada y casi siempre conduce al desabastecimiento. Los ejemplos, son infinitos, desde la autarquía franquista, a los viejos regímenes comunistas, sin olvidar la Venezuela de Chá vez y Maduro.

La escasez de mascarillas también ha servido de bandera a los defensores de una reindustrialización de España, convertida de repente en una especie de «Santo Grial» económico, que enmascara sueños imposibles de autosuficiencia, tan queridos por la extrema izquierda como por la extrema derecha. Pablo Iglesias desearía reducir la importancia del turismo en la economía española. Iván Espinosa de los Monteros reclama grandes proyectos de inversión industrial, algo que para muchos evocaría el monstruo público del INI que los socialistas de otra época Boyer y Solchaga, con dinero público, tuvieron que dejar en su mínima expresión ante su ineficacia y ausencia de viabilidad.

Jordi Palafox, catedrático de la Universidad de Valencia, profesor de Berkeley, ha explicado en «El Confidencial» que «la reindustrialización sería un despilfarro de recursos». Coincide con muchos otros expertos, quizá más timoratos a la hora de opinar. La industria, si es eficaz, fija el empleo y aporta estabilidad, sobre todo en tiempos de crisis. El impulso artificial –dirigista– de la industria conduce al fracaso y la frustración. Fabricar en España para autoabastecimiento muchos productos –más o menos básicos–, sin ningún valor añadido, solo conduciría a un aumento de precios y de costes que ni consumidores ni empresas podrían soportar y tener una industria solo en prevención de otra pandemia imprevisible es un disparate. Algo muy distinto es el fomento de la industria más puntera, con mucho valor, que es el gran desafío pendiente de la economía española. Pero eso no tiene nada que ver con las mascarillas. La reindustrialización que predican algunos demagogos, por muy populista que pueda ser, no es más que otro mito actual, emparentado con los clásicos griegos, los mismos que Seymour-Smith, biógrafo de Robert Graves, consideraba «no más misteriosos que las modernas propagandas electorales».