Luces, cámaras y... «Sí, quiero»

La primera vez que vi un autocine fue a través de la televisión, a principios de los años 90. Danny Zuko y Sandy Olsson protagonizaban una tierna y desastrosa cita en un autocine

Los autocines, vastos aparcamientos deslocalizados en planicies en medio de la nada, son sinónimo de lugar romántico en mi cabeza. Un escenario perfecto para una primera cita. Ya sea por la magia de ver una buena película o por su asociación al periodo estival, estos enclaves pierden su aire decadente y mutan en un entorno idealizado. Además, las dos partes quedan exentas de meter la pata durante casi dos horas.

La primera vez que vi uno fue a través de la televisión, a principios de los años 90. Danny Zuko y Sandy Olsson protagonizaban una tierna y desastrosa cita en un autocine. Bajo el influjo de «Grease», crecí pensando que lo mejor de sacarse el carné de conducir sería acudir a uno de estos cines al aire libre. Cuando por fin obtuve mi licencia y mi placa «L», no había ningún autocine en 300 kilómetros a la redonda.

Sin embargo, precisamente hoy, han vuelto a recuperar todo su romanticismo y el esplendor de antaño. Se han convertido en un símbolo del amor en los tiempos del coronavirus que tantos divorcios y rupturas está provocando. En Alemania, gracias a los autocines, también hay finales felices.

Janine Miodunski y Philip Scholz se han casado este martes en el autocine de Dusseldorf. Esta semana, Alemania comenzaba a rebajar algunas de las restricciones impuestas para contener el Covid-19. Al igual que en España, podrían haber contraído matrimonio en el registro civil, sí, pero sin comensales. En cambio, a este enlace tan particular asistieron decenas de invitados en una treintena de coches. Sus familiares y amigos siguieron la boda desde el aparcamiento.

Primero observaron cómo llegó Janine con su ramo, corriendo sobre el asfalto con zapatillas de deporte y guiada por señalizaciones a juego con su vestido blanco de novia. Después, en lugar de una enorme pantalla de cine, ahí estaban Janine y Philip dándose el «Ja, ich will», rodeados por centros de flores, lazos y bombillas rojas. Guardando la obligatoria distancia social, al otro lado de una mampara de cristal, el alcalde de la capital de Renania del Norte-Westfalia, Tomas Geisel, oficiaba la boda.

En cuanto les declaró oficialmente marido y mujer, los familiares y amigos tocaron el claxon para felicitar a esta pareja de hinchas del Fortuna Dusseldorf. Con mascarillas primorosamente decoradas con el logotipo de su equipo de fútbol, el nuevo matrimonio atendió a la Prensa alemana que cubrió con brío este enlace tan pintoresco. «No había otra manera de hacerlo en este momento y hemos aprovechado al máximo la experiencia», señaló Janine. «Estamos muy contentos de que haya sido así», añadió el novio.

Pues claro que sí, Philip, considérate un afortunado. En tu ciudad no solo hay un autocine, sino también un templo al aire libre que os ha permitido sobreponeros a las trabas derivadas de la pandemia. Al final habéis proyectado al mundo vuestra propia escena romántica.