Más que parecidos

Enrique López

La crisis sanitaria del coronavirus es una crisis que está afectando a casi todo el mundo y supone, amén de las diferencias en su virulencia, un buen marco de análisis de diferentes estilos de gobernar y cómo se enfrentan los diferentes gobiernos ante ello. Resulta paradójico y hasta cierto punto desconcertante, aunque no tanto, analizar las grandes analogías que se pueden apreciar entre líderes que, a priori muy distintos, analizados con detenimiento, y al margen de sus ideologías, comparten enormes similitudes de estilo, personalidad y forma de entender la política, y esto se está traduciendo en errores muy similares en el tratamiento de esta pandemia, hablo de Donald Trump, Boris Johnson y Pedro Sánchez. Los tres comparten como elemento común que han llegado a ser presidentes de sus países con metodologías nada tradicionales y muy poco ortodoxas, y los tres se resuelven con una extrema radicalidad que les lleva a hacer política contra el adversario, buscando su deslegitimación. No dudan en ocupar y desnaturalizar las tradicionales instituciones del estado para ponerlas a su servicio partidista, y especialmente utilizándolas contra el opositor político. Y los tres, desprecian aquella parte de la sociedad que no les muestra su apoyo. Son expertos electorales y se mueven como peces en el agua en el corto plazo, pero se desentienden del futuro y de la prosperidad de las generaciones futuras, son meros políticos y renuncian a ser estadistas. Algunos expertos en psicología del comportamiento destacan ciertos signos de narcisismo en todos ellos, algo que yo no afirmo, pero de lo que no cabe duda es de su extrema radicalidad y su absoluta falta de empatía con el antagónico. De tal suerte que se está con ellos o contra ellos. No dudan en superar principios y fundamentos sólidos de sus diferentes democracias para encontrar acuerdos con quien sea y para lo que sea con tal de que sirva a sus hojas de ruta para mantenerse en el poder. En nuestro caso, la falta de empatía del presidente Sánchez con las fuerzas políticas conservadoras y con las autonomías gobernados por aquellas es patente, solo hay que apreciar el desdén con el que justifica la necesidad de restringir la libertad de circulación para contener el virus, poniendo siempre como ejemplo a los madrileños que se desplazan a Murcia.