El vacío por el tesoro del millón de dólares

El hombre que se ha hecho con tan preciado botín quiere permanecer en el anonimato, por lo que su identidad seguirá siendo un enigma

Forrest Fenn
Jeri ClausingAP

Encontrar un tesoro es una aventura que se convierte en modo de vida para conquistadores, piratas y arqueólogos. ¿Quién no se ha divertido durante su infancia viendo «Los Goonies», enterrando tesoros en el jardín, acariciando los doblones de plástico de «La Ruta del Tesoro» o escondiendo diarios con pensamientos secretos (aunque universales) en su adolescencia? Después, la vida pasa a ser una «gymkana» en busca de la felicidad, la independencia económica, el éxito o el poder. Algunos sí que encuentran su tesoro, otros permanecen eternamente buscándolo, a pesar de que las pistas están ahí. Siempre han estado ahí.

Algo trascendental ha ocurrido en la vida de algunos buscadores de tesoros. Uno de los botines más famosos y suculentos, escondido en 2010 en las Montañas Rocosas en Santa Fe por un excéntrico millonario, coleccionista y veterano de guerra, ha sido hallado. Un cofre de bronce con todo tipo de artefactos antiguos, monedas de oro y joyas, valorado en más de un millón de dólares. Un arcón que soluciona la vida –siempre que no perezcas en el intento–. Cuentan las leyendas y los medios locales que al menos cinco personas han fallecido persiguiendo el tesoro de Forrest Fenn. Fenn publicó sus memorias en un libro donde dejó un poema encriptado. Tras superar un cáncer terminal decidió enterrar el preciado baúl para dar «esperanza» a la gente. Si se descifraban correctamente sus 24 versos, sus rimas conducirían hacia el lugar preciso en la Cordillera. Este misterioso reto y su suculento botín desperdigó a miles de personas por las Montañas Rocosas. Entre ellas a Cynthia Meachum, quien comenzó la búsqueda de manera incansable en 2013. Acompañada por sus dos preciosas bracos de Weimar, dejó su casa en Río Rancho, Nuevo México, para adentrarse en la sierra de Jémez, Taos, el desfiladero de Río Grande y Río Rojo. Comenzó un blog ofreciendo esquemáticos mapas del tesoro y vídeos de sus vivencias. Llegó a escribir un libro con consejos de las travesías, conversaciones reveladoras con el propio Fenn y destapando los posibles escondrijos de Las Rocosas. Últimamente, instruía a otros buscadores para manejar el estrés durante el confinamiento por la covid-19. El domingo, cuando leyó el blog del anticuario de 89 años, su mundo se le vino abajo.

«El cofre ha sido encontrado», escribió Fenn en tipografía vetusta. «Estaba bajo un dosel de estrellas en la exuberante vegetación boscosa de las Montañas Rocosas y no se había movido del lugar donde lo escondí hace ya más de diez años. No conozco a la persona que lo halló, pero el poema de mi libro lo llevó al paradero exacto». Obviamente, este coleccionista experto en misterios, tampoco reveló la ubicación del tesoro. El hombre que se ha hecho con tan preciado botín quiere permanecer en el anonimato, por lo que su identidad seguirá siendo un enigma. Se sabe que es «del Este» y que ha realizado fotografías del cofre para demostrárselo a Fenn.

Pero para Meachum, –como confesó al periódico «Santa Fe New Mexican»– que el tesoro haya sido hallado ha sido cómo perder a su mejor amigo y los mejores años de su vida. Todo a la vez.