Botox y anticuerpos, listos para el mundo post covid

Se apodó el «Doctor Hamptons» y desde su sede en East End ofreció tratamientos poco invasivos sin necesidad de que los pacientes salieran de sus mansiones

Miles AstrayDreamstime

Después de tres meses confinados, por fin este domingo 21 termina el estado de alarma en España. Hemos sobrevivido a la primera ola del nuevo coronavirus pero, ¿hemos aprovechado las oportunidades que nos brindó el confinamiento?

Al volver a encontrarnos, comprobamos a quién le ha cundido el tiempo durante la pandemia. Alguno, muy aplicado, aprendió un nuevo idioma. Otros han completado cursos online tan curiosos como «Aprendiendo a aprender». Los nuevos cocineros merecen capítulo aparte, pues han logrado un nivel culinario muy superior al que tenían antes del coronavirus. También tenemos amigos más superficiales que se han entregado a las aptitudes físicas y los cánones de belleza: pieles bronceadas, desaparición de la barriga, botox y algún que otro retoque facial que ahora somos incapaces de advertir.

En lo peor de la pandemia, cuando los números en la Gran Manzana no eran nada alentadores, los neoyorquinos ricos huyeron a sus mansiones en los Hamptons, una espléndida zona costera y vacacional de la cercana Long Island. También hubo quien, sin segunda residencia, comenzó a pagar alquileres a tenor de 30.000 dólares al mes con tal de vivir en un espacio privilegiado.

El doctor Alexander Golberg habla maravillas de este exclusivo rincón al norte de Nueva York que esta primavera está más poblado que nunca. Ante el cierre de sus clínicas estéticas en Brooklyn y Manhattan y la psicosis, este médico transformó su metodología de trabajo y sus servicios. Golberg ha demostrado una extraordinaria capacidad de adaptación al medio en tiempos de covid-19.

Se apodó el «Doctor Hamptons» y desde su sede en East End ofreció tratamientos poco invasivos sin necesidad de que los pacientes salieran de sus casas refugio. Él mismo se desplazaba a las lujosas viviendas. También dio la opción de realizar pruebas de SARS-Cov-2 directamente en las mansiones. «Hago los tres, el test IGG/IGM, para saber si tienen anticuerpos, el hisopo nasal para comprobar si son positivos, y un análisis de sangre para detectar anticuerpos (que no se ven en la prueba IGG/IGM)», confiesa Golberg.

«Muchos de los vecinos de los Hamptons tenían pánico a ir a un hospital de Nueva York o a un centro de salud a hacerse las pruebas».

Golberg explica por teléfono que «trabajar se volvió más complicado. La gente se quedó en casa, recelaban de salir fuera, sobre todo al principio». El doctor defiende que «el Botox y los liftings siempre vienen bien». Además, «después de pasar tanto tiempo confinados, muchos de mis pacientes se han deprimido. Verse mejor puede ayudar a que se sientan mejor. Siempre da energía positiva».

Asimismo, Golberg reconoce que «hay mucha gente que trabaja desde casa y tiene reuniones en Facetime, Zoom... y cuando están hablando durante las conferencias, se miran a sí mismos: se ven en la pantalla y no les gusta lo que ven. Han empezado a ver más arrugas y quieren arreglarlo lo antes posible».

Algunos de los pacientes de Golberg «ya están hartos de tenerle miedo al virus y quieren volver a la normalidad. También quieren verse y sentirse mejor». Por eso el doctor estaba esperanzado con la reapertura de Nueva York, para así volver a realizar tratamientos estéticos de mayor calado imposibles de hacer en las hermosas casas de Los Hamptons.