Temor a la pandemia económica

Las preocupaciones de la gente se moldean conforme la realidad se transforma. Por eso, en nuestro país el ulular de las sirenas ya resuena más por la economía que por la Covid

José Maluenda

Las nubes escampan, pero menos. La tormenta perfecta que ha anegado el planeta de muerte, dolor y necesidad ha remitido de forma relativa, pero su impacto desolador sobre las sociedades se prolongará años. El termómetro de las inquietudes de las comunidades se desplaza conforme el ecosistema político, económico y popular se convulsiona y expande en uno u otro sentido. Hasta hace unas pocas fechas parecía poco menos que un imposible pensar que la humanidad pudiera tener otra preocupación principal que no fuera el contagio del virus de Wuhan y sus efectos sobre los sistemas sanitarios en general. Era un asunto central, porque ningún otro había conseguido poner a la entera humanidad contra las cuerdas o, más bien, derribarla. Pero, poco a poco, y con los avances en el control del patógeno y su terrible capacidad para el contagio, los enfoques individuales y colectivos han variado. Un estudio de gran interés de Ipsos recoge esa alteración en el paradigma de la inquietud mundial. El 55% de los encuestados en todo el mundo asegura que la Covid-19 es uno de los mayores problemas de su país, pero ese porcentaje, con ser concluyente, resulta muy inferior al 63% registrado en el mes anterior en este mismo estudio sobre la desazón planetaria. Esa dinámica regresora se ha acentuado más en unos países que en otros, de tal forma que en seis el empleo es el primer motivo de preocupación. Por lo que nos toca, es especialmente significativo y relevante que los españoles seamos los más intranquilos y angustiados por el horizonte económico de todo el orbe. Para el 66% de nuestros compatriotas, el porvenir laboral y financiero ha superado al coronavirus en su escala de intranquilidad, con un incremento de seis puntos en el último mes. Para el 63%, es la Covid, pero con una bajada de cinco puntos. Es evidente que en el país la crisis económica ha tomado el relevo de la de la salud, que, equivocadamente o no, la damos por encauzada. Que casi siete de cada diez españoles prevean un futuro turbulento retrata unas dosis altas de realismo y desasosiego en medio de la penumbra.