España necesita un ambicioso y eficiente programa de estímulo

La finalización del estado de alarma, la reanudación de la libertad de movimiento en el territorio español y la reapertura gradual de las fronteras entre los países de la UE es una gran oportunidad para fomentar la actividad económica e infundir optimismo en la población. Hasta ahora se ha pecado de excesiva regulación, con directrices ridículas que prohíben pisar la arena mojada pero no la seca en las playas. En tiempos de crisis muchos políticos disfrutan dando órdenes.

Es inevitable que con la reapertura y el movimiento de personas habrá rebrotes. Pero la pobreza y la incapacidad de trabajar es más peligrosa para las personas jóvenes y sanas que Covid. En China, el análisis de 318 brotes con 1.245 infecciones en 120 ciudades llegó a la conclusión que el virus se propaga más en interiores que en exteriores.

En EEUU se han acometido estímulos monetarios y fiscales equivalentes a un 11% de su PIB. El paquete de la UE asciende a 4% del PIB comunitario, y Francia (5%), Alemania (4,9%) e Italia (4,6%) con sus respectivos programas también nos superan de largo. Las ayudas del gobierno español para los que no tienen ingresos, cobran un salario bajo o para alquileres son populares y necesarias a corto plazo pero no incrementarán la productividad. Necesitamos también mecanismos que fomenten la retención de las plantillas y la reanudación de la actividad económica. El Paycheck Protection Program de EEUU ha otorgado préstamos por valor de 700.000 millones de dólares a PYMES. Dichos créditos son a fondo perdido si se mantiene a la plantilla, a diferencia del funcionamiento de los ERTES en España.

En Europa la financiación que mejor está funcionando es la aportada por el Banco Central Europeo. Además de reducir los tipos de interés a 0, el BCE compra deuda soberana en los mercados secundarios y facilita que las entidades financieras accedan a sus líneas de crédito. Pero en EEUU la Reserva Federal también compra bonos de empresas, mejorando los balances de los bancos y así estimulando que otorguen crédito. El plan de estímulo de la UE por valor de 450.000 millones de euros concede créditos y ayudas para las personas, trabajadores, empresas y estados miembros. Se acordó también una línea del Banco Europeo de Inversiones de 200.000 millones en préstamos a bajo interés a las PYMES. El Fondo Europeo de Estabilidad (MEDE) puede otorgar préstamos a un país miembro hasta un valor equivalente al 2% de su PIB. La UE asimismo ha desplegado diversos programas para financiar trabajos generados por el sector público y sectores y regiones especialmente perjudicadas por la pandemia. La suspensión de los límites sobre el déficit público (3% del PIB) del Pacto de Estabilidad, la posibilidad de que por primera vez el presupuesto de la UE pueda incurrir en déficit y la suspensión de las reglas que normalmente prohíben ayudas estatales deben aprovecharse mucho mejor. Para que una empresa española se beneficie de las ayudas europeas debe superar las barreras burocráticas y trámites del gobierno español y de los bancos. Durante la crisis de 2008-2010 Alemania desplegó con gran éxito un mecanismo mediante el cual el estado abona la parte proporcional del salario que deja de percibir si la empresa reduce la jornada laboral. La financiación del ICO no distingue entre grandes empresas y PYMES. Debería ser menos exigente con la PYMES. La UE y sus estados miembros también pueden conceder trabajo a los desempleados en los proyectos de infraestructuras de transporte y energéticas ya incluidos en los presupuestos. No se pueden conceder ayudas y pagos a todos los sectores que los reclaman porque elevaría excesivamente el déficit y la deuda. Pero con flexibilidad, ingenio, reduciendo los trámites y adoptando medidas que han tenido éxito en otros países España debe estar en el pelotón de estados miembros que avanza hacia la recuperación.