PP y Cs deben tomar la iniciativa

Casado ve "fuertes" y "para toda la legislatura" los pactos con Ciudadanos
PP / DAVID MUDARRAEFE

La situación que el último informe del Banco de España ha presentado sobre el efecto que la pandemia va a tener en nuestra economía cierra en seco cualquier ejercicio de diletancia política. Se acabó la política de salón. Con una caída del PIB del 5,2%, previsiones de paro del 20%, una deuda que podría llegar al 120% y la destrucción de un tejido empresarial que empezaba a remontar la crisis financiera del 2008 no hay mucho margen para entretenimientos ideológicos o ese tacticismo de vuelo corto que permite que el Gobierno vaya sacando leyes adelante –y si no salen se echa mano del decreto–, aunque en su mayoría prescindibles. La «geometría variable» no es la prueba de que La Moncloa actúa sin sectarismo y mucha cintura política, sino justamente por lo contrario: por su precariedad, por la ínfima calidad y solvencia de sus apoyos –ya sabemos el interés que ERC y Bildu tienen es la estabilidad de España– y por la necesidad de abrir las puertas a acuerdos de largo alcance con las fuerzas constitucionalistas, PP y Cs, especialmente.

Pedro Sánchez accedió a la presidencia confeccionando un Gobierno con Unidas Podemos que ha resultado ser ineficaz en la gestión y un verdadero impedimento para abordar la crisis que Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, presentó el martes. El acuerdo con UP le permitió llegar a La Moncloa, pero no gobernar. La coalición de izquierdas no es ni siquiera la de un acuerdo entre socialdemócratas y comunistas y el clásico programa de estatalización, sino con una formación unipersonal representada por Pablo Iglesias, un político cuya toxicidad está marcando todo el Gobierno en una deriva con demasiados resabios populistas que de nada servirán para afrontar la crisis en la estamos entrando. De momento, hay una herramienta que debe utilizarse, la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso, que arrancó con resquemor y escepticismo por la ineficacia que había demostrado desde su constitución. Sin embargo, esta es la herramienta institucional que hay que aprovechar de manera constructiva, con propuestas realizables y eficaces –abstenerse los que sólo buscan el espectáculo propagandístico–, acorde con el marco jurídico y los compromisos de Europa. No hay más camino que el que transiten juntos PSOE, PP y Cs, y es posible porque hay medidas que deberán tomarse de manera inmediata si se quiere frenar dentro de lo posible el golpe de la pandemia: contrato de trabajo único, planes de formación para los trabajadores en paro o lo que estén acogidos al ERTE, subida del IVA de ciertos bienes y servicios, frente a la política impositiva que el sector de UP de Gobierno quería, medida ésta que Iglesia deberá guardarse en su cartapacio de recetas. Se pueden sellar grandes acuerdos de Estado de la misma manera que, a propuesta del PP, el Gobierno ha aceptado trabajar en un Pacto por la Sanidad.

Iglesias está dando muestras de que está fuera de juego de la política real, que sigue embebido por las guerras de poder y pugnas personales en su formación. Por otra parte, ERC juega en clave electoralista en el perímetro de Cataluña y en una guerra dentro del independentismo por hacerse con la hegemonía. Sánchez, más pronto que tarde, deberá tomar una decisión sobre sus alianzas de gobierno, incluso replantearse la continuidad de una coalición que ahora mismo hace aguas con un Iglesias que pasa por serios problemas de reputación política y personal. Los españoles y la grave crisis económica a la que apuntan todos los datos no pueden depender de un Gobierno que está paralizado. Europa ayudará a España, pero pide responsabilidad y seriedad para un desembolso económico que servirá para poner en marcha las reformas necesarias. Si Sánchez no toma la iniciativa, Pablo Casado e Inés Arrimada deben pedir la palabra.