Iglesias contra los periodistas

Ningún periodista o medio de comunicación les quiere sacar del gobierno. Es mucho más simple. Es la libertad de expresión.

La obsesión de Pablo Iglesias con los medios de comunicación y los periodistas es un fenómeno tan interesante como sintomático. No hay que olvidar que su fijación con los medios es muy antigua y que consiguió su proyección política gracias a las tertulias. Hace unos años era un profesor de Ciencias Políticas que se dedicaba más al activismo que a la docencia. Formaba parte del ala más radical de Izquierda Unida y sobre todo quería ser diputado. Con una militancia claramente comunista y vinculado a movimientos radicales internacionales supo encontrar su oportunidad en los medios de comunicación. Eran los tiempos de la crisis económica, el 15-M, la okupación y los desahucios. Precisamente fue gracias a un grupo de comunicación de la derecha radical donde comenzó su fama. Con gran capacidad dialéctica, mensaje claro y contundente y una buena formación marxista comenzó aparecer en televisiones, radios y periódicos hasta que consiguió triunfar. No puede decir que le haya ido mal. A pesar de ello, mantiene una agresividad que debe complacer a sus leales, pero que le deja en muy mal lugar. Sus ataques y los de otros dirigentes de Podemos contra periodistas como Vicente Vallés, Ana Pastor o Antonio García Ferreras son un despropósito de grandes dimensiones.

Nadie le quiere sacar del Gobierno. Es falso que se quiera derrocar a la coalición social-comunista. El término derrocar que utilizan algunos miembros del Gabinete, desgraciadamente a veces también el presidente, no es inocente, porque significa hacer caer a un gobierno o régimen político utilizando medios violentos. Es parte de esa política de trincheras que tanto gusta en España y que se sustenta en el «estás conmigo o contra mí». Los ataques contra periodistas es una vergüenza. Iglesias y sus compañeros deberían estar abochornados. No hace tanto que venían para hacer otro tipo de política, para ir contra la casta y el sistema. Se envolvieron con la bandera de la ética y la dignidad. Querían ser ejemplares. La realidad es que no lo son diciendo tonterías o mentiras. Nunca lo serán si atacan a los periodistas que hacen su labor sólo porque no dicen lo que les gustaría oír. Ningún periodista o medio de comunicación les quiere sacar del gobierno. Es mucho más simple. Es la libertad de expresión. Conozco muy bien a Vallés, Pastor y Ferreras. Por ello sé que sólo les guía, con los aciertos y errores que tenemos todos, el amor al periodismo y a la libertad.