Racionalismo cartesiano

ivimos la era en que los juicios públicos, los juicios paralelos impiden juzgar la realidad tal y como se presenta

Noam Chomsky.
Noam Chomsky.

Llama la atención la noticia que saltaba esta semana a las páginas de cultura en la que un grupo de intelectuales y artistas expresaban su preocupación por la "intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo". En la carta firmada por gentes tan solventes como Chomsky, el primero de todos, Salman Rushdie, J.K. Rowling o Margaret Atwood se plasma la preocupación por las repetidas y exageradas demandas de igualdad e inclusión o las reiteradas protestas antirracistas que impiden el libre intercambio de información e ideas. En efecto vivimos la era en que los juicios públicos, los juicios paralelos impiden juzgar la realidad tal y como se presenta. Así, y a modo de ejemplo de tinte local, un colegio que llevaba el nombre de Plácido Domingo va a perder la denominación del tenor por su presunta relación con un delito de acoso sexual. Pero estos intelectuales de categoría internacional, no como los abajo firmantes patrios, están denunciando un mal que se está extendiendo de forma masiva por países como el nuestro. La represión a que se está sometiendo a la prensa y a los informadores es algo que no habíamos vivido desde hace muchos años. Los años de la censura los creíamos superados, pero no. La ultraizquierda gobernante los está reviviendo de forma muy activa y el insulto va a tomar carta de naturaleza a poco que nos descuidemos. Alguien tan poco sospechoso como el gran Chomsky, referente del pensamiento de nuestro siglo, que podrá tener de todo menos de reaccionario o conservador, alerta de "represalias rápidas y duras en respuesta a lo que se percibe como transgresiones del discurso y el pensamiento". ¿Estamos al borde de la dictadura? No: estamos ya en una dictadura. Esa dificultad con que se encuentran los periodistas de no poder preguntar o repreguntar en las ruedas de prensa, tan frecuentes por otra parte y tan estériles, es una de las muchas muestras sobre las cuales concluimos que existe una falta total de libertad para acercarnos a una información veraz y estricta.

También, y en otro orden de cosas, esta semana se ha puesto de manifiesto que España es el peor país del Mediterráneo en el ámbito de la libertad de empresa, y es que a quienes nos gobiernan no se les ocurre mirarse en el espejo de Grecia, cuna de la cultura y de la civilización occidental, convertida por obra y gracia de la extrema izquierda de Txipras y Varufakis en país tercermundista, con persianas bajadas en céntricos locales comerciales de las principales ciudades; con chiringuitos de mala muerte en vez de buenos restaurantes; con la tristeza de la ruina y la pobreza en los rostros de los griegos… Aterra pensar que estamos a pocos pasos de la miseria y el ostracismo. Es cierto que Europa no perdona tonterías y esta semana le ha dado en las narices a Sánchez, rechazando a la Calviño para la presidencia del Eurogrupo en favor del conservador irlandés Paschal Donohoe, que se presenta como mediador en las hipotéticas desavenencias entre los miembros del Norte y del Sur de la zona euro.

Es todo deprimente y lamentable. Chomsky, otra vez Chomsky, defiende el racionalismo, que acentúa la razón en la adquisición del conocimiento, frente al empirismo, que resalta el papel de la experiencia sobre todo en el sentido de la percepción. Lamento discrepar con el profesor en este caso, solo en este. Porque un barniz de experiencia no vendría mal a un gobierno que no para de hacer experimentos, porque no da para más; y bien sabemos, porque se nos ha advertido por activa y por pasiva, que sólo se deben hacer con gaseosa.