El hotel que ha confinado a cinco millones de australianos

Los cursos de prevención y gestión del coronavirus duraron apenas seis horas

La RazónLa Razon

Tengo dos amigas, periodistas y ambas exageradas, que cuando se les menciona la palabra «reconfinamiento», ambas reaccionan igual: se tirarían «por la torre». Y es que viven, respectivamente, en dos de los edificios más altos de Madrid. La vuelta a los confinamientos, más que probable, es algo a lo que debemos prepararnos, porque el virus sigue ahí y la vacuna aún no ha llegado. Por muy duro que suene. El aislamiento social es una de las medidas más impopulares e inhumanas, de ahí la indignación en varios puntos del planeta cuando se ha vuelto a confinar a los ciudadanos. En Australia el reconfinamiento durará seis largas semanas. Pero lo que más escuece entre los 5 millones de confinados es que todo pudo comenzar en un hotel en Melbourne, precisamente un hospedaje especialmente preparado para pasar la cuarentena.

Australia ha sido uno de los países que mejor había gestionado la pandemia. Ya desde marzo, cerraron fronteras e impusieron una cuarentena a todos los australianos que volvieron del extranjero. Los aislaban durante 14 días en varios hoteles de las ciudades más cercanas a los aeropuertos.

Pero esta semana, toda Melbourne, la segunda ciudad más importante de Australia, ha entrado en un severo reconfinamiento. Y tienen claro de dónde viene el rebrote: del hotel destinado a acoger cuarentenas, en pleno centro de la ciudad. Ya se han constatado al menos 42 contagios relacionados con el Stamford Plaza, de 5 estrellas. Al parecer, hubo mucho «feeling» entre las personas en cuarentena y los guardias de seguridad. Más que vigilar, descontrolaron el virus. Largos paseos por las zonas comunes, partidas de cartas, entradas y salidas a las habitaciones de los huéspedes, sexo nocturno y diurno... Los cursos de prevención y gestión del coronavirus duraron apenas seis horas. No confiaron en las Fuerzas de Seguridad australianas, sino en guardias privados a los que pagaron un sueldo inferior al que corresponde. Además, denuncian que sólo recibían un equipo de protección para cada jornada de ocho horas. Después, se iban a sus casas, a las afueras de Melbourne, y propagaban el virus en reuniones familiares.

Ante la enorme polémica, uno de los guardias ha salido a criticar las condiciones laborales en un programa de televisión mañanero. Con un pseudónimo y fundido a negro, «George» expone que su entrenamiento duró cinco minutos, después le dieron los EPIs y lo mandaron a gestionar los confinados a una de las plantas del hotel. Los australianos también reprueban a los huéspedes en cuarentena, que no han sido capaces de permanecer encerrados en las habitaciones 14 días, prodigándose con los contactos físicos. Y de paso, dispersando la covid-19.

La dirección del hotel niega la mayor y la semana pasada emitió un comunicado rechazando las acusaciones. Pero lo cierto es que se ha abierto una investigación oficial y el 25 de septiembre se conocerá si hay más nueces que ruido. Eso sí, a los 5 millones de confinados nadie les devolverá estas seis semanas de aislamiento.