El desprecio de Torra por los jueces

Un objetivo de los independentistas es controlar el poder judicial y me temo que el gobierno social-comunista acabará cediendo a cambio de unos votos.

La Razón

Hace demasiado tiempo que las instituciones catalanas se han instalado en una anormalidad que ha provocado que dejen de sorprendernos las excentricidades e ilegalidades de los independentistas. Con el pujolismo se generó un modelo de liderazgo por el que Pujol era el todopoderoso presidente de Cataluña. Tras el fracaso del intento de enjuiciarle por el Caso Banca Catalana, su poder se hizo omnímodo y era una especie de «soberano» que hacía lo que le daba la gana. Fueron los tiempos de «construir Cataluña». El problema es que era la Cataluña nacionalista que dividía entre los buenos y malos catalanes. Los votos de CiU fueron decisivos para el PSOE y el PP. Por ello, la presencia del Estado se fue achicando progresivamente, al igual que ha sucedido en el País Vasco. No había más que ver la modesta delegación del Gobierno que era un chalet con pretensiones propio de los burgueses horteras que se enriquecieron durante la Restauración. Con estos mimbres tan escuálidos es lógico que el PSC fuera poco más que una acomplejada marioneta del nacionalismo y el PP no consiguiera tener un discurso creíble. Los dos agachaban la cabeza cuando el gobierno necesitaba los votos de CiU.

Esta descomposición ha conducido al caos que se ha instalado en la Generalidad por culpa de Artur Mas que decidió abrazar la autodeterminación con la inquietante fe de los conversos. Desde la aprobación de la parcialmente inconstitucional reforma del Estatuto y el «concierto económico» que Mas le exigió a Rajoy en 2012, hemos ido de mal en peor. Un desastre. Ahora tenemos un presidente catalán que es un chulo y un fanático independentista que será inhabilitado en otoño por el Tribunal Supremo. Por ello, no le importa una resolución judicial y cuando no le gusta decide, simplemente, anunciar que la desobedecerá. Durante el pujolismo se utilizaba, dicho irónicamente, la figura histórica del «obedézcase pero no se cumpla» propia del derecho castellano en la Baja Edad Media. Los tribunales podían decir lo que quisieran, como sucedía con el castellano, que el gobierno catalán hacía lo que le daba la gana. Torra es más osado. Ha anunciado que aprobará en las próximas horas una normativa para regular un plan antibrotes e ignora la resolución judicial sobre Lérida. ¿Qué se ha creído el juez? Un objetivo de los independentistas es controlar el poder judicial y me temo que el gobierno social-comunista acabará cediendo a cambio de unos votos.