¿Por qué Erdogan ha islamizado Santa Sofía?

Desde los años 30, por orden de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, Santa Sofía era un fascinante museo trufado de mosaicos exquisitos y delicados iconos

El proceso de islamización de la catedral bizantina de Santa Sofía, sin duda uno de los monumentos estrella de la grandiosa Estambul, ha desatado una controversia de alcance global. ¿Qué ha movido a las autoridades turcas a tomar esta decisión criticada no sólo por la comunidad cristiana sino también por ciertos sectores musulmanes? ¿Por qué ha dado este paso el todopoderoso presidente Recep Tayyip Erdogan? ¿Qué beneficios le reporta?

Desde los años 30, por orden de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, Santa Sofía era un fascinante museo trufado de mosaicos exquisitos y delicados iconos. La basílica fue levantada en el siglo VI gracias al empeño del emperador Justiniano y estuvo dedicada al culto ortodoxo y católico durante prácticamente nueve siglos, hasta que las fuerzas militares otomanas, lideradas por Mehmet II, tomaron Constantinopla a mediados del siglo XV. Ese sultán transformó la basílica en mezquita imperial y la ciudad pasó a ser la capital de sus dominios. La belleza y armonía arquitectónicas de Santa Sofía sirvieron de ejemplo para levantar otros lugares de culto de la fe musulmana, como la majestuosa Mezquita Azul, situada justo enfrente de ella. No es extraño pues que la UNESCO incluyera en 1985 los “sitios históricos de Estambul” en su Lista del Patrimonio Mundial, citando expresamente no sólo a la Basílica de origen bizantino sino también al antiguo Hipódromo de Constantino, que data del siglo IV, y a la imponente Mezquita del sultán Solimán el Magnífico, del siglo XVI. La propia UNESCO, a través de su presidenta, la francesa Audrey Azoulay, lamentó “profundamente” el dictamen de las autoridades turcas, denunció que el cambio de condición se realizó sin consultas previas y convocó al representante de Ankara ante la organización con sede en París para expresarle sus graves preocupaciones.

“Es importante evitar la aplicación de cualquier medida que no se haya discutido de antemano con la UNESCO y que conlleve cambios en el acceso físico, en la estructura de los edificios, en los bienes mobiliarios y en la gestión del sitio”, subrayó el chileno Ernesto Ottone Ramírez, subdirector general de Cultura de la UNESCO. Tales medidas podrían constituir, en efecto, una violación de las normas establecidas en la Convención del Patrimonio Mundial de 1972. Adaptar Santa Sofía al culto diario musulmán significará tener que tapar u ocultar los tesoros expuestos en las paredes, algunos de ellos de importantes dimensiones.

La alarma de la UNESCO es consecuencia directa de la sentencia del Consejo de Estado, la máxima instancia judicial de Turquía, emitida el 10 de julio, que declaró nula la ley de 1934 y sentenció que Santa Sofía debía volver a ser utilizada como lugar de rezo de los musulmanes. La primera oración se llevará a cabo el viernes 24 de julio. Tras hacerse público el fallo, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, cursó un decreto que lo hizo efectivo de inmediato, lo que desató el rechazo de buena parte de la comunidad internacional. En particular, Grecia y su Iglesia Ortodoxa expresaron su consternación por la noticia y la calificaron de afrenta al cristianismo. El Papa Francisco se mostró “muy dolido”. Tampoco agradó a Estados Unidos.

Pareciera que al veterano líder islamista turco le gustara atraer el oprobio internacional, pero, en realidad, bajo esta controvertida decisión, subyacen poderosas y muy calculadas motivaciones internas y externas. En primer lugar, la islamización de la “perla de Estambul”, como él la llama, disfruta del apoyo unánime de las bases de su formación política, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, más conocido en turco por su acrónimo AK. Esta “segunda conquista” era fundamental para el discurso de Erdogan pues refuerza sus ideas nacionalistas neo-otomanas. Además, representa una excelente cortina de humo para ocultar otros problemas estructurales que amenazan a Turquía, como son el enorme gasto militar o la inflación rampante. Finalmente, indica la progresiva erosión del carácter secular de la República de Turquía, fundada tras la Primera Guerra Mundial.

Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, la reconversión de la Basílica de Santa Sofía –o Hagia Sophia (“Santa Sabiduría” en griego)– aflora unas implicaciones muy interesantes. Por una parte, fortalece la determinación de Turquía de alejarse a grandes pasos de Europa y sus valores cristianos. El interés por ingresar en el Club de Bruselas ha desaparecido por completo del horizonte de Erdogan, cansado de llamar sin éxito a las puertas de la Unión Europea, a la búsqueda de mejoras comerciales.

Por otro lado, esta estrategia también tiene unos efectos intensos en el área de Oriente Medio, epicentro de luchas por la hegemonía regional. El presidente turco ha lanzado un mensaje contundente a Arabia Saudí, a quien no ha gustado ni un ápice la medida adoptada, pero por razones bien distintas a las esgrimidas por los cristianos. Riad entiende que Erdogan verbaliza su deseo de competir con ellos por el liderazgo del mundo musulmán. De ahí que sea extraordinariamente significativo leer el contenido del discurso que pronunció el mismo día de la sentencia del Consejo de Estado y que fue publicado por la Jefatura del Estado en su página web: www.tccb.gov.tr Allí encontraremos las diferencias del resumen de su alocución, según sea la versión en turco, árabe o inglés. En todas ellas se dice lo siguiente: “La resurrección de Hagia Sophia anuncia la liberación de la Mezquita de Al-Aqsa [Jerusalén]. La resurrección de Hagia Sophia es la huella de la voluntad de los musulmanes de todo el mundo de salir del interregno. La resurrección de Hagia Sophia es el reencendido del fuego de la esperanza no solo de los musulmanes, sino ─junto con ellos─ de todos los oprimidos, agraviados, pisoteados y explotados”. Toda una declaración de intenciones. Sin embargo, la versión ‘occidental’ omite este párrafo revelador: “La resurrección de Hagia Sophia es un saludo de corazón a todas las ciudades simbólicas de nuestra civilización, desde Bujará [Uzbekistán] a Al Andalus [España]”. Los corchetes son míos.

Resumen: Erdogan ha movido una torre en el tablero de ajedrez, y amenaza la incuestionable autoridad religiosa de los saudíes. Por si esto fuera poco, también subyace un aviso meridianamente claro a Estados Unidos, pues Erdogan enfatizó en este sentido que “Turquía ya no es el objeto de ciertas acciones, sino el sujeto, el actor”.