La arrogancia de los políticos eventuales

Me asombra la suficiencia que esgrime el sector comunista y antisistema de la coalición y sus aliados parlamentarios

La opinión de Francisco Marhuenda.
La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

A lo largo del tiempo he conocido a muchos ex presidentes, ex vicepresidentes, ex ministros… La lista es tan larga como aburrida. Algunos eran tan arrogantes que pensaban que el cargo era vitalicio, porque es verdad que les impone mucho el coche y los despachos oficiales. Otros salieron, por supuesto, con la misma humildad que entraron porque tenían claro el carácter efímero del destino que ocupaban. Los políticos de la Transición, salvo alguna excepción, tenían una vida profesional previa, como altos funcionarios o de otro tipo, por lo que andaban ligeros de equipaje. No hay nada mejor que decir «me vuelvo a mi cátedra», por ejemplo, porque genera una gran tranquilidad de espíritu. En cierta ocasión asistí a uno de esos actos de una insufrible arrogancia política y el conductor me comentó «nosotros somos los fijos, ellos los eventuales». Es una frase tan tópica como certera. Una buena parte de los miembros de este y otros gobiernos, en su sentido más amplio hasta los directores generales, no entienden que son eventuales y que el día después será muy duro porque ni siquiera han aprobado una oposición o tienen una profesión identificable.

No hay más que ver la displicencia insufrible con que tratan a la oposición, e incluso a la prensa, o cómo se refieren mayestáticamente a lo que quieren los españoles. Cualquiera diría que son Premios Nobel. He de reconocer que me gusta analizar las trayectorias y las publicaciones de nuestros políticos. Por eso me asombra la suficiencia que esgrime el sector comunista y antisistema de la coalición y sus aliados parlamentarios. En el PSOE son algo más moderados. Ahora toca negociar los Presupuestos. Lo sensato sería que alcanzaran acuerdos con el PP y Cs, pero Podemos y los independentistas no quieren. Es lo contrario de lo que sucede en el resto de Europa, donde se busca la centralidad y se aplican medidas que incentiven la recuperación económica, lo que comporta un crecimiento de los ingresos tributarios. Los comunistas siguen instalados en la teoría de que «cuanto peor, mejor». Es decir, esas chorradas anticapitalistas y de pseudojusticia redistributiva que tanto gustan a nuestros revolucionarios de salón que son hijos de las clases medias y funcionariales. No quieren asaltar el Palacio de Invierno, sino las empresas cotizadas. Y, por supuesto, cuantos más impuestos, mejor. Hay que mantener a tanto eventual, colocar a más amigos y crear una sociedad subsidiada.