“La república bolivariana plurinacional de España”

Iglesias es hijo del comunismo y de su concepción centralista, por lo que ese reconocimiento de la plurinacionalidad es lo mismo que hicieron Lenin y Stalin para consolidar su poder criminal

La Razón

Pablo Iglesias quiere la Tercera República. Nada que nos tenga que sorprender en su peculiar «spanish revolution», que por el momento es una versión cañí y pretenciosa a lo Torrente de la Revolución Francesa, la Rusa e incluso la bolivariana del golpista Chávez y su bufón Maduro, que es tan hortera que debe dormir con el chándal. Es posible que lo haga para poder salir corriendo del Palacio de Miraflores si le expulsan de su corrupto narcogobierno.

Las «revoluciones» hispanoamericanas son hijas del caudillismo corrupto que se instaló en los antiguos virreinatos españoles donde los hijos de la nobleza y la burguesía traicionaron a su patria para dar rienda suelta a su ambición. A Bolívar y al resto de traidores que sirvieron, consciente o inconscientemente, a los intereses políticos y económicos de Inglaterra, que además así se vengó del apoyo español a la independencia de Estados Unidos, no les importaba la población indígena. Esos próceres de la independencia idealizados por Podemos y los revolucionarios de salón eran soberbios, arrogantes y displicentes, que se sentían muy orgullosos de su privilegiada condición social.

Las clases medias y altas promueven las revoluciones políticas que se acaban convirtiendo en un horror. Es lo que sucedió en la Segunda República y la Guerra Civil. Los políticos que tanto admiran los pijoprogres de la izquierda española también se sentían unos revolucionarios y fueron un fracaso, aunque ahora quieran reescribir la Historia. Ahora sabemos que Iglesias quiere una república plurinacional y augura que se abrirá paso en España a medio o largo plazo.

A esto se une el tópico de que los jóvenes no entienden que seamos una monarquía y que no se vote al jefe del Estado. Por supuesto, es evidente su superioridad moral e intelectual frente a esos lerdos de la izquierda sueca, noruega, holandesa, danesa, británica o japonesa que no tienen ni idea. No hay duda de que se trata de países que cuentan con una democracia de baja calidad y deberíamos expandir, como quería Lenin, la «spanish revolution» por el mundo.

El dictador comunista es una figura muy admirada por nuestros airados jóvenes revolucionarios. Este miembro de la pequeña nobleza zarista fue un genocida sin escrúpulos, aunque le superaría el camarada Stalin. Los comunistas se dedicaron a robar, violar, incendiar, torturar y asesinar a todos los «enemigos» de la revolución. No hay que olvidar que «enemigo» era un concepto tan arbitrario como caprichoso. Por supuesto no establecieron la igualdad, la libertad y la fraternidad, sino que los camaradas del partido vivieron con todos los lujos posibles. Fue uno de los mayores sistemas criminales de la Historia. La obsesión de Lenin por extender la revolución y adoctrinar a la sociedad radicalizaría la Europa de entreguerras.

Lenin quería «liberar» a Polonia del catolicismo, la nobleza y la burguesía, para luego hacerlo con Alemania e ir exportando su modelo corrupto y criminal al conjunto de Europa. No lo consiguió. El ejército rojo de Tujachevski fue derrotado en 1920 en la batalla de Varsovia por el mariscal Pilsudski, que impidió que Polonia cayera, como parecía inevitable, en manos de los bolcheviques. Los polacos dieron una lección al mundo y consiguieron garantizar su independencia.

Lo que Polonia ha sufrido por la voracidad de sus vecinos explica su carácter indomable mientras que su profundo anticomunismo es el resultado de haber sufrido durante décadas a los comunistas y la URSS. El este de Europa está vacunado de esa «enfermedad» mientras que en el sur todavía goza de un cierto reconocimiento porque, afortunadamente, nunca habían conseguido el gobierno. Grecia ya pasó la enfermedad con el pijo rico de Tsipras. No hay nada mejor que ser hijo de millonario para sentirse muy unido al pueblo y las clases trabajadoras. Por cierto, ninguno de estos comunistas elige vivir en un modesto apartamento como Mark Rutte, el primer ministro holandés, sino que prefieren mansiones y palacios.

No hay que olvidar que Rusia se convirtió en una república plurinacional denominada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Es muy interesante que Iglesias quiera seguir la estela soviética, aunque le honra que no reniegue de su comunismo. Solo le ha faltado incluir el término bolivariano que tanto les gusta a los dirigentes de Podemos, porque hay que partir de la base que consideran que la socialdemocracia europea ha traicionado a la clase trabajadora y se ha rendido al capitalismo.

El enemigo siempre será el socialismo, el capitalismo y este conjunto de pequeños burgueses que no abrazan la transformación de España en una república que recoja las diferentes naciones. Es lo que hizo la URSS, aunque con una pequeña salvedad y es que fue uno de los Estados más centralistas de la Historia. A pesar del reconocimiento formal de la autodeterminación en su constitución era un precepto vacío de contenido. Era imposible de ejercitar y las minorías sufrieron una cruel y criminal persecución por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que era el auténtico poder. Todas las instituciones estaban sometidas al partido y el líder de la URSS no era el presidente o el primer ministro, sino el secretario general del PCUS.

Iglesias es hijo del comunismo y de su concepción centralista, por lo que ese reconocimiento de la plurinacionalidad es lo mismo que hicieron Lenin y Stalin para consolidar su poder criminal. Ni franceses, rusos, cubanos, chinos, camboyanos o venezolanos pensaron nunca que las revoluciones triunfarían en sus países dando paso a crueles dictaduras. España no necesita ser una república y la mayoría de los españoles se sienten cómodos en una monarquía. Desde luego otorgan una mejor nota a Felipe VI que a nuestros políticos. No necesitamos que alguien se invente un modelo artificial y artificioso sobre la estructura territorial del Estado. Y desde luego no necesitamos la cañí «spanish revolution» de Unidas Podemos con su trágico comunismo trasnochado y su ramplón concepción bolivariana de la política.