Entre lo responsable y lo irresponsable

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.Susana VeraREUTERS

En esta circunstancia en que el Covid todavía está presente en nuestro país, en efecto podríamos matizar o dividir a la gente y sus actuaciones entre responsables e irresponsables. Responsables son los que respetan las recomendaciones y asumen todas las precauciones debidas, para no correr riesgos innecesarios y vivir civilizadamente que es lo que debería ser lo habitual en nuestras vidas con Covid o sin Covid. Me refiero a costumbres de higiene, a la ausencia de efusiones, como los sentidos abrazos de Iglesias a Sánchez, que supongan intercambios de fluidos como sudores, perdigones de saliva, etc. que era hasta hace poco lo habitual en el comportamiento de muchos. Otros, en cambio, lo consideran una ordinariez y un innecesario esnifar de olores humanos y practican desde siempre la política de la distancia personal, aún a riesgo de que los califiquen de “estiraos”, como el personaje de “La familia de Pascual Duarte”, que en realidad no era más cosa –ni tampoco menos cosa-, que un gigoló al que el bueno de Pascual acaba por matar por mancillar su honor. De hecho en su relato ante el juez vacía su alma diciendo “yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo”.

Como íbamos diciendo hay empresarios hosteleros irresponsables que permiten el descontrol del ocio nocturno en la “nueva normalidad” produciéndose así rebrotes masivos frente a muchos otros que llevan a punta de lanza y con todo escrúpulo una serie de medidas para impedir esa serie de contagios que los que obran con insensatez provocan por su despreocupación. No todo es ganar dinero en estos momentos de pandemia, sino buscar de forma coherente la forma de compatibilizar las dos cuestiones más importantes de la vida: la salud económica y la salud física. Y que se dejen de tonterías los cursis que lo uno lleva a lo otro inevitablemente. Nos consta a todos que en la mayoría de los locales donde vamos a pasar un rato agradable entre amigos se respetan a la perfección los protocolos a seguir, y quienes no lo hacen deberían pagar por ello con durísimas sanciones. No se puede usar la misma vara de medir para todos, porque no todos son/somos iguales. Y que no nos mencionen lugares donde el tumulto es habitual, como en Ibiza y Formentera, porque es perfectamente comprobable que allí se está haciendo de manera rigurosa en todos los ambientes. (Esto no conviene propagarlo mucho y en voz alta para que no haya avalanchas de gente hacia aquellos confines).

Dicho lo dicho no queda más remedio que criticar al equipo de fútbol de Fuenlabrada, que llevó a La Coruña (odio lo de A Coruña), cuatro jugadores infectados con el virus, ocasionando un grave quebranto a la ciudad, a los jugadores del Depor, al mítico hotel Finisterre, donde pasan la cuarentena los futbolistas contagiados y de donde salieron huyendo los turistas que allí se hospedaban. Los buenos de los coruñeses todavía no dan crédito a este dislate que, sin duda, deben hacer penar con dureza al máximo responsable de este descalabro.

Por lo demás cabe mencionar, ahora que andamos flojos de lana, los veinte millones de euros que Berlusconi acaba de soltar a una mocita con quien acaba de romper, luego de un noviazgo de nueve años, además de un millón anual para su manutención. A este hombrecillo parece no acabársele nunca el dinero porque ya hemos visto otras varias indemnizaciones a mujeres sin que esto le provoque el más mínimo quebranto. No sé qué se debe sentir con el manejo de tanto billete... o de tarjeta Centurion, pero debe ser algo muy agradable, no sé, algo muy cercano a la felicidad...