Salvar el otoño
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Lo escribí el pasado mes de mayo. Sectores financieros (la banca, sobre todo) y empresariales se habían conjurado en ese momento para lograr un único objetivo: «Hay que salvar el verano como sea», decían. Se referían fundamentalmente a la temporada del turismo, uno de los motores de la economía española, con más de 80 millones de visitantes el año pasado. Pedían al Gobierno que se pusiese las pilas. Dos meses después de aquella columna, y cuando todavía quedan otros dos para que acabe, ya está claro que el verano no se va a salvar, por lo menos en lo que a turismo se refiere. No hay nada más que ver la cantidad de hoteles, incluidos los de zonas turísticas, y locales de hostelería de todo tipo que siguen cerrados. Los últimos rebrotes en múltiples puntos de nuestra geografía, las medidas adoptadas por diversos países, en ellos el Reino Unido de la Gran Bretaña, han acabado de dar la puntilla a un sector ya muy tocado, mientras el Gobierno, hacer, no hace mucho, la verdad. O por lo menos no se nota. Para rematar la faena aparece el diestro, según unos, o siniestro, según otros, Simón y dice que desde el punto de vista sanitario, si los británicos no vienen, pues mejor, porque allí están peor que aquí. Como guinda, ayer se publicaron los datos del paro, con la destrucción de un millón de empleos en el segundo trimestre del año por estandarte. En resumen, el verano está casi perdido, ahora solo toca esperar que no se pierda el otoño también.